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Minia está triste: observa que
papá y mamá están cambiados pues no tienen ganas de
música o bromas. Se desahoga contándoselo en cama a Churbi, el
osito de peluche que le regalaron al nacer y ahora tiene como ella casi 15
años, que es su mejor confidente pues su hermano, Tomé, es
demasiado chico a sus 9 años. Carme, la madre, está de baja por
un dolor de espalda al cargar con unas bolsas de la compra. Minia se aterra al
recordar la experiencia materna de hace 6 años, cuando le extirparon la
mama ante la presencia de un tumor cancerígeno, y luego asistió a
sesiones de quimioterapia que la dejaban durante dos días destrozada,
con vómitos y sin pelo. El diagnóstico del oncólogo
confirma lo peor: la madre tiene un tumor en el hígado y ya hay
metástesis en los huesos. Una clínica de Pamplona se lo ratifica.
Carme se siente sin fuerzas para una nueva batalla, que será más
dura que la anterior, aunque tiene razones para vivir: los niños, su
trabajo de abogada, los viajes... Cuando comienza el tratamiento, como
están en vacaciones de verano, Minia y Xosé se van a vivir con
los abuelos paternos. El abuelo aprovecha para enseñarle cosas de la
vida del campo: las fincas de la familia, como funciona el molino... Con la
reanudación del curso escolar, cumplidos ya los quince años de
Minia, regresan para casa. Carme va ganando etapas sin darse por vencida. La
quimioterapia parece poder al cáncer, mas el reto es que su cuerpo
soporte tanto destrozo: demasiado debilitada, las transfusiones de sangre y la
fuerza mental consiguen que llegue a la sexta y última sesión
victoriosa. A comienzos del nuevo año, pasean los cuatro por la playa.
Mirando al mar, Carme siente que el futuro la aguarda con
ilusión. Los pensamientos de Minia alternan en la novela con el
proceso de la enfermedad materna. Con la amiga Raquel comparte en el instituto
las típicas preocupaciones sobre las relaciones con los chicos. El
único joven de su aldea, Manuel, también está triste
porque debe superar el problema de la separación de sus padres. La
soledadle, la búsqueda de la felicidad, el valor de la solidaridad (sus
padres apadrinaron dos niños de Bangladesh) y la amenaza de la muerte
ocupan las reflexiones de Minia. Son etapas de la vida, que no se detiene, que
están en la condición del ser humano, como le enseña la
pedra labrada miles de años antes que encontró en A Guarda. La
canción de Bob Marley que escuchó en clase de inglés y que
tanto le gusta a su madre "No woman, no cry", le transmite la fuerza de la
esperanza: no llores, mujer, que todo irá bien. |