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Damián, de unos cuarenta años,
asesino profesional desde hace casi veinte y unos cien muertos en su historial,
cruza la ría en lancha camino de M durante varios días, como si
fuese a trabajar a la ciudad en una empresa de informático. Se prepara
para cumplir el encargo del "comandante" de matar a un conocido sindicalista de
una empresa de plásticos. Luego de diez días de hacer el
trayecto, le retuerce el pescuezo, como a un pato, y arroja el cadáver
al mar. Pero no acaba aquí el trabajo: debe que conseguir unos
papeles que tenía el muerto, Manel, que podrían impedir la
fusión de la empresa de plásticos con otra noruega. Un
desconocido le advierte en la noche que se trata de un asunto de armas.
Cuando aparece el cadáver en el mar, muere también, atropellado
por un coche, Delmiro, compañero de Manel. Damián sospecha que es
obra de su cliente y trata de localizar a Xulia, de quien oye hablar a las
trabajadoras que viajan también en la lancha. Por un borracho, se
informa de la misteriosa mujer. Luego, hace que caiga al mar. El día
del entierro multitudinario de los dos sindicalistas, en los que M tenía
puesta su esperanza roja para salir de la decadencia, Damián se hace con
los papeles en casa de Delmiro. Los esconde convenientemente en su aldea, en un
hórreo. Después se entrevista con la rica y guapa Xulia, que
resulta ser hija del "comandante", que no es tal sino que dirige la empresa en
la que trabajaba Manel. En un nuevo encuentro con Xulia, se entera de que
era amante de Manel, quien había encontrado unas facturas de compra y
venta de fusiles de asalto encima de una máquina de troquelar,
descubriendo así que el negocio del "comandante", más allá
del plástico, era de export-import de armas de combate. Como se niega a
entregarle los papeles, dos tiros de ella hacen que sienta el olor de la playa
y todo se convierte en blanco... Ya no queda entonces nadie que pueda sacar
a la luz los papeles comprometedores. La frase preferida de Damián
("trátase, fundamentalmente, de ficar vivo") es ahora una cruel
ironía, como los libros de poemas que le gustaba comprar, aunque no los
leía, allá, en Ferrolterra... |