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Libro solidario
promovido por la Organización No Gubernamental Implicadas/los en el
Desarrollo (IND), para apoyar proyectos de desarrollo integral en el sur de la
India y Etiopía. El proyecto nació como una de las respuestas de
IND al tsunami de diciembre de 2004, que provocó la muerte de más
de 300.000 personas en la India y en otros países de Asia.
Acompaña el libro un DVD, que contiene dos documentales, uno sobre el
trabajo de IND y otro sobre el tsunami, una película de animación
sobre las ONGs y un juego interactivo sobre la cooperación. Como
caracolas que es necesario escuchar, incluye siete relatos: No lombo do
río elefante, de Marilar Aleixandre: Cuenta una niña de doce
años su dura experiencia cuando el monzón hizo desbordar el
Ayeyarwady, el río elefante, que inundó su aldea en Myanmar. La
tala de árboles, la construcción de embalses y la codicia por el
oro alteraron el curso del río, ahora demasiado estrecho. Refugiados en
un tira de tierra, una nueva crecida en la noche provocó la
desaparición de muchos, entre ellos su madre. Como la única
familia que le queda está en Mandalay, a más de seiscientos
kilómetros, emprende una marcha épica, sin dinero, en la que la
acompaña la maestra. Para pagar el pasaje en barco trabajan en una
fábrica de cigarros, cuyo dueño detiene el ejército por
colaborar con la resistencia clandestina. Pero la solidaridad de las
cigarreiras, pobres pero con corazón, le permitirá llegar a
Mandalay. Fiu, o paxaro de canto fino, de An Alfaya: Un día,
Fiu (el pájaro de canto fino) le vino a anunciar a la anciana Alim (luz
en la niebla) que tiene que marchar pero vivirá en Llimaima (cristal
roto), la niña que cuidó luego de la riada que arrasó la
aldea en la que vivía con los padres y hermanos, de la que la
salvó Xoel (el pájaro de fuego). Xoel (cooperante como bombero
voluntario que con su helipcótero la había rescatado del tronco
que la mantenía sobre el río crecido) le había anunciado
en una carta arrojada con una de las cintas rojas con las que la saludaba desde
el helicóptero, que no volvería, pero que nunca la
olvidaría. Mas Llimaima tiene en Nazcan (el que llega con el atardecer),
el maestro que venía a escuchar los cuentos de la anciana, el
compañero que llenará el vacío de la anciana y de Xoel.
Juntos, incluso fundan una ONG de ayuda a la infancia. A guerra, de
Fran Alonso: Después de diez años ayudando en Sarajevo a las
víctimas de la guerra, una mujer le escribe a un ex novio
despidiéndose de él y de la vida. Ya no soporta más ver
tanto dolor ni el silencio de cuando no hay tiros pero hay víctimas
igual: refugiados mutilados por las minas, mujeres con hombres desaparecidos
que no saben si se habrán muerto... (Relato ya publicado por el autor en
Cartas de amor) Ver os
paxaros voar, de Rosa Aneiros: Mientras pasan las horas esperando ayuda,
aprisionado entre los hierros del todoterreno que volcó en el desierto
del Sáhara y como único vivo de los cuatro que viajaban (uno de
ellos, Habib, su querido amigo quedó como protegiéndolo con su
cuerpo), escribe Dali en su cuaderno. Fotógrafo de treinta y cinco
años, estaba haciendo un reportaje sobre los tránsitos
migratorios entre África y Europa. Recuerda los ojos del abuelo, que
sentía frío en los huesos desde la guerra, cuando como él
acechaba el cielo para ver pasar los pájaros que marchan del frío
para tierras más cálidas, guiados en su camino por el instinto,
por la maldita necesidad de sobrevivir. Como él, Dali acaba de ver los
pájaros. Y de escuchar un ruido que rompe la noche: a lo mejor es
alguien que viene a rescatarlo. Lúa do Senegal, de
Agustín Fernández Paz: En cuatro cartas, una niña,
recén llegada desde Senegal con la madre y la hermana para unirse al
padre, que tiene trabajo en Vigo, le confía a la Luna, que es la misma
que ella miraba en su país, su miedo ante la nueva vida. Al tiempo que
recuerda las historias que le contaba la abuela (del Apañador de Almas,
que recoge antes de que llegue al suelo cada hoja del árbol de la vida
para luego ir a buscar el alma de la persona; o de como Orisha modeló a
las personas y las horneó más o menos, y por eso las diferencias
en el color de la piel), piensa en las dificultades del padre desde el duro
desembarco en Málaga hasta instalarse en Galicia y poderlas traer.
Está preocupada por su adaptación a esta nueva tierra y, sobre
todo, por el primer día de colegio. Pero es muy bien recibida por los
compañeros cuando les cuenta la historia de la abuela sobre el
nacimiento de las estrellas a partir de las brasas de una hoguera que una
niña desparrama en la noche. Por eso está animada a vivir la
nueva vida, sin olvidar su Luna, su abuela, su país... (Este relato lo
desarrolló narrativamente en la novela
Lúa do
Senegal) O ventre do mar, de María Reimóndez
Meilán: Cuenta una voz femenina de IND su experiencia solidaria cuando
el tsunami arrasó Indonesia. En pequeñas ráfagas o
secuencias narrativo-digresivas recuerda el dolor de tanta gente, las duras
imágenes de personas que perdieron hermanos, hijos..., la presencia de
organizaciones de camioneta y hotel que desconocen que lo importante no son los
refugios temporales sino los reasentamentos, la ayuda psicológica y la
recuperación económica mediante las actividades de pesca, el
desprecio frecuente por la voz llena de sentido común de las mujeres...
El drama de un mundo, en fin, mal dividido que sólo un grupo
pequeño se molesta en transformar mientras el resto mira para otro lado
o directamente participa en la carnicería. O canto do papani,
de Dolores Ruiz: Como la hija enferma lleva dos días con los ojos
cerrados, la curandera le dice al padre que se la va a llevar Es-lana, la diosa
del río, para recuperar la vida que le prestara. Puede intentar evitarlo
si consigue que la vea la única mujer que se atreve a luchar contra los
dioses, pero está a muchos kilómetros de distancia. Allá
va el padre con la hija a hombros andando los caminos, subiendo costas, pisando
la nieve... Mientras, la niña sueña que ya le falta poco para
pasar a la otra orilla del río y que el caimán se está
acercando a ella. Hasta que el hombre oye el canto del papani, que anuncia el
amanecer, y llega a una chabola en la que ondea un paño blanco con una
cruz roja en el centro. |