|
Recopilación de quince guiones de una
minicomedia de situación emitida por la TVG en 1990. Ambientada en el
servicio de urgencias de un gran hospital, constituyó la primera
experiencia del autor como guionista televisivo. El formato (la duración
de cada episodio era de trece minutos), la escasez de medios y las exigencias
de rapidez en la elaboración de los textos y limitaciones de
producción marcaron esta experiencia creativa sin precedentes en la
televisión autonómica. En clave paródica y de humor
negro, los personajes (el Doutor Dapena, Jefe de Servicio, casi nunca aparece
por el trabajo pues tiene la "enfermedad del sueñ"; los dotores Paulino
Pereiro Pereiro, soltero entrado en años que nunca se estrenó ni
encuentra novia, a quien la madre, con la que vive, procura tener
sobrealimentado y Chus Nespereira Nespereira, con su novio infiel profesor de
instituto; la enfermera Encarna -Encarnación Silva Silva-, feminista con
novio veterinario al que le gustan los animales y desencantada de los hombres,
que son todos un rebaño de burros; el celador Cipri -Cipriano
Vilariño Vilariño-, un pícaro simplón, popular e
ingenioso que instala en el centro su chiringuito de empanadas y objetos
-bolis, relojes de propaganda...- de los pacientes) atienden las "urgencias" de
los enfermos y conviven con las suyas propias. Las atenciones urgentes son
muy variopintas: un "paciente" acude porque necesita un preservativo; otra
tiene caspa; un borracho, creyendo que sigue en el bar, pide más
alcohol; un joven esposado por robar radiocasetes huye raudo porque
también había robado los de los sanitarios; el Papá Noel
de unos grandes almacenes fue agredido por una niña pues
confundió los regalos: le dejó a ella la muñeca hinchable
que había pedido el padre y a éste la barbie; un accidentado no
tiene lesiones en la cabeza pues resulta ser medio sordo; hasta hay uno que
aparece de vez en cuando pero nunca tiene nada; el actor de un programa de
cámara oculta llega lesionado pero se resisten creerlo, sospechando que
es otra de sus bromas y que está maquillado. Los tratamientos para
tales males son también expeditivos: el novio tartamudo de Encarna se
cura con los callos picantes de Paulino antes de que lo operen de apendicitis;
Encarna soluciona el problema de un borracho agarrándolo por sus partes;
Chus le receta a una muller maltratada por su marido un garrote para que se lo
aplique dos veces al día; y Cipri, que suspendió un examen de
técnico sanitario, hace prácticas como si fuese médico
aplicando remedios tan elementales pero efectivos como una patada en el
trasero, que los enfermos le agradecen con un jamón, aunque a veces
también se equivoca: mezcla las radiografías del marido
cirrótico y la mujer embarazada, y vende la exclusiva de haber
localizado a un hombre embarazado. Este humor negro, tan presente en la
cultura popular gallega, basado en los juegos de palabras y en los
equívocos, constituye, en palabras del autor, una "defensa frente al
dolor de vivir, un modo de encajar la dureza de nuestras vidas".
|