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Eduardo (Edu), de 15 años, pasa, como
todas las tardes, por la praya en la que hace seis años su madre
desapareció (según su padre, en realidad escapó con un
viajante), mira una foto de ella y sigue camino. Descubre entonces la silueta
de un surfista al que parecen seguir delfines. Le va a ayudar al padre en su
taberna de la playa de Llas, en Foz. Hoy está un extranjero desconocido,
el Americano, que bebe demasiado. Cuando cierran, lo lleva Edu en la moto. Le
cuenta que desde la muerte de su mujer vive en una furgoneta con dos
compañeiras: la guitarra, Linda, y Jack Daniels, la botella de
whisky. En la noche siguiente, acompaña a su novia Paula a casa del
paquistaní Hanif para comprar unha tabla de surf. Luego, van a la playa,
en donde hace surf desnuda. Edu sospecha entonces que debe de ser ella la que
atrae a los delfines, culpables con su presencia de que no haya peces. Pero a
los marineros que pasan el tiempo en la tasca por no haber pesca les dice que
el surfer nocturno es Hanif. Como intentan vengarse quemándole la
tienda, Edu, arrepentido, le confiesa al Americano que mintió por celos,
pues sospecha que Hanif se lleva con su novia; entonces el Americano le cuenta
su verdad: trabajó en los EE.UU. en una central eléctrica, que
dejó para vagar por el mundo cuando, por culpa de unos planos suyos mal
hechos, murieron cuatro inspectores. Desaparecidos Hanif y el Americano,
vuelve la pesca. Pero una noche reaparece el surfista. Los marineros exaltados
le disparan en una pierna: resulta ser Paula, quien camino del hospital le
aclara a Edu que sólo es amiga de Hanif y le quiere a él. Un
equipo de televisión viene para entrevistar al Americano: en realidad,
un australiano campeón mundial de surf, que tenía unos altavoces
con ultrasonidos que atraían a los delfines. Cuando Edu se dispone a ir
hasta el hospital, le llaman por teléfono: es su madre. |