 |
I. Recuerda Martín lo sucedido cuando era
niño. Había ido un día con su perro, Setembro, a casa de
un vecino por leche y allí un preso escapado de la cárcel lo
encañonó con una recortada. Le dijo que lo condenaran por matar
con un hacha a un vecino que se había apropiado de su finca. Cuando
apareció la madre buscándole, el huido le mandó ir a
avisar a la guardia civil, para cambiar su impunidad por la libertad del
niño. Al llegar, los guardias lo inculpan de otro asesinato, que
Martín entendió que era de Mariña, la maestra nueva que lo
tenía cautivado, y sospechando que lo mismo había hecho con su
perro y con el dueño de la casa, se echó a él, le
arrancó la recortada y lo mató de un tiro. II. Unos
años después, Martín es el huido con hambre que vuelve a
casa del mismo vecino y encañona a un niño, Roque. En ese momento
entra la madre: ¡es Mariña!, que lo ata y manda al hijo a por la
guardia civil. Le revela Martín su identidad y entonces ella le cuenta
que tuvo el hijo de soltera, y que heredó la casa por cuidar a su
dueño, que enfermó luego de aquel incidente. Se besan como dos
náufragos, los sorprende el hijo, que había estado espiando, y
los encañona con la recortada, orgulloso de tener un prisionero. Cuando
la madre lo convence de que deje de hacerlo, se le enreda la escopeta en el
jersey y se le dispara, matándola. Martín huye. III. Con
más de cuarenta años, y luego de quince en la cárcel,
vuelve Martín junto a Roque y le cuenta todo esto. Roque no habla y
él sigue contando su historia: después de la muerte de
Mariña, de la que lo culpaban los periódicos, se refugió
en una chabola, en donde una joven, Dolores, lo encañonó con una
recortada, hasta que cayó en la cuenta de que no era un asesino sino un
pobre loco y no le denunció. Poco despues, se entregó el propio
Martín en el cuartel de la guardia civil. Cumplida su condena, se vino
para la casa familiar, muertos ya sus padres, dispuesto a olvidar sin rencor la
faena que le hizo la vida. Pero Roque sigue sin contestar: se había
quedado mudo desde la muerte de su madre. Cuando sale Martín, escucha
dos disparos: se había matado Roque. ¡Pero él ya
está demasiado cansado para empezar una nueva huida! La primera
versión de este texto, en forma de relato, mereció el
XI Premio Ourense de Contos para a Mocidade 1994
convocado por la Casa da Xuventude y la Agrupación de Libreiros de
Ourense. |