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Cuando Arno bajó del aerobús de
regreso de la escuela, se encontró con los cuerpos de sus padres
muertos. Le habían dejado un mensaje en el ordenador: temían ser
asesinados por haber descubierto una red de información que controla
todos los ordenadores y conoce sus trabajos en un programa para desactivarla.
Debe marchar para Fisterra y buscar al Mestre Cego, con ayuda de Merlín,
un anillo que al frotarlo habla con Arno y contiene los datos del programa
"Pomba Dourada". Emprende viaje y descubre el mundo fuera de la ciudad, de
los "borrallas", semisalvajes que se alimentan de la basura de las ciudades, en
las que les impiden entrar, pues sólo admiten hombres sanos. Tres de
ellos, el gigante Imaz, mudo y desdentado, la joven Gwendaill (que le hace
sentir algo nuevo) y el "tullido" en silla de ruedas, Arturo, lo recogen cuando
se tira del "ferrocostero" en marcha al percatarse de que el policía
Lesoto y un hombre misterioso lo siguen. Acompañan a Arno,
uniéndose a un grupo de peregrinos a Campus Stellae hasta la "Catedral".
Pero su perseguidor, Sowetto, jefe de la organización clandestina que
había asesinado a sus padres, consigue capturarlo y con descargas
eléctricas pretende que le hable del programa informático. Lo
rescata Gwendaill gracias a Merlín, que la guía a
transmitiéndole calor en el dedo. Prosiguen camino protegidos por unos
piratas que trafican con vídeos musicales, pero sólo se libran de
Sowetto cuando por fin lo detiene Lesoto. En Fisterra, el Mestre Cego le
explica a Arno que el proyecto "Pomba Dourada" necesitará años.
Recuerda la lección del Home Memoria de los borrallas, el viejo sabio
Bundarag, sobre los viajes del hombre, desde Ulises a los astronautas. Y
aprende así, con Merlín, que lo más valioso del viaje es
el camino. En un Epílogo datado en la 3ª Centuria de la Nueva
Cronología, se informa al lector de la dificultad de entender los
hechos, propios de los tiempos antiguos de la Vieja Cronología.
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