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Conjunto de nueve relatos que tienen en
común la presencia de elementos misteriosos e inexplicables en una
atmósfera de miedo y terror. As mans do medo: Un hombre cuenta
que trabajando en la casa de la playa notó que comenzaba a perder
sensibilidad en una mano. Luego, en el cementerio encontró en una caja
dorada una mano enterrada que tenía vida. Comenzó a llevarla a
todas partes y un día ella lo llevó a cavar de nuevo en donde
estaba la otra mano, la derecha. Entre las dos un día le provocaron un
accidente con la sierra y se deshicieron en la trituradora de las otras dos
manos. En el hospital reinsertaron esas que eran como las suyas, encajaban
perfectamente. Pero ahora se mueven como quieren, sin hacerle caso a las
órdenes de él. Incluso esa tarde lo hicieron ir a la casa de la
playa y se pusieron a hurgar en la tierra... ¡hasta encontrar un pie
izquierdo! Un conto de Reis: Cuenta el narrador que él y un
amigo, Susinho, queriendo sorprender a los Reyes Magos descubrieron a tres
hombres entrando en la casa de Susinho, dejando una pistola como las de verdad.
Cuando salieron jugar con ella, Susinho (su padre, desde que le había
muerto la mujer, por lo visto andaba en negocios sucios allí, en la
frontera con Portugal) le disparó... y resultó ser una pistola de
verdad. A neve e a cadeira: Un chaval de 12 años cuenta su
terror ahora que está en silla de ruedas por haber caído en la
nieve. Resulta que el anticuario David había excavado en una
mámoa y entre las figuras había traído para el
almacén un monstruo, un Ser terrorífico que se alimentaba de
seres vivos que acabó devorando con crueldad al amigo Tito. Primero
había destrozado los animales, luego incluso se adueñó de
toda la ciudad. Hasta sus padres son súbditos de él, por lo que
intenta escapar de la ciudad y bajando a revolcones las escaleras se arrastra
en la nieve, en la ciudad desierta, donde sabe que va a morir
congelado. Primeiro calafrío: El narrador soñó
que alguien le arrancaba un trozo de su interior pero ningún
médico vio que le faltara nada. Los psiquiatras tampoco se lo dieron
solucionado, y quedó sin voz. Hasta que una enfermera le
recomendó un curandero. Entonces, fue a un lugar misterioso;
allí, un hombre en la oscuridad tenía una luciérnaga hacia
la que avanzó irremediablemente. Anxos da garda: Cuenta el
protagonista que desde pequeño tuvo mala suerte en todo, a diferencia de
su hermano, afortunado siempre. Estaba convencido de que lo había
abandonado su ángel de la guardia... Y una noche lo descubrió
jugando a las cartas con otros ángeles de la guardia y, claro,
¡perdiendo él! Segundo calafrío: Cuenta el
narrador de cómo recibió la visita de un fantasma, aunque no
creía en ellos, y huyendo atravesó una
pared. Lambirón: Cuenta un profesor la terrible historia del
Lambirón, un compañero de bióloxía, que se
dedicó a envenenar las fuentes de la Marina luguesa con productos
tóxicos que había llevado del laboratorio del instituto.
Comenzaron a morir animales y luego niños. Él tenía la
piel muy escamosa, cada vez más, y acabó sumergiéndose,
yéndose por el mar, nadando con sus aletas de pez, mientras
llovía sin cesar. Seis dedos: Cuenta el narrador que los
miembros de su familia cuando mueren se regeneran, degenerando. Así le
ocurrió a un primo falangista, que había muerto en la guerra y lo
vio tiempo después fuera de la tumba comiendo ratas, con seis dedos en
una mano y andando a cuatro patas, cual un animal monstruoso. A él lo
encerraron en la isla de San Simón y perdió el brazo al huir.
Ahora le vuelve a crecer. Por eso le pide al interlcutor que cuando muera haga
que lo incineren, pues no quiere regenerarse en un hombre cada vez más
bicho. Y si ve a alguien parecido a él, que lo mate, pues a lo mejor es
su brazo perdido que se regeneró y
degeneró. Mondoñedo: En diferentes cartas a una prima
de A Coruña, una joven de 14 años le cuenta que en su casa eran
muy pobres y el padre, postrado en cama, se preocupa porque las cuatro hijas y
la mujer no van a tener que comer. Cuando estaba moribundo, ella lo vio junto a
una fuente, cuando era imposible que allí llegara. Y después de
muerto fue llamando por las hijas para su lado, apareciéndose en las
escaleras de la casa, hasta que se las llevó a todas, que murieron con
una sonrisa en la boca. Parece ser que les daba pereza salir o levantarse de la
cama, como le ocurre ahora a la prima, que heredó la casa familiar:
siente que una mano le toca y no tiene ganas de levantarse de la cama.
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