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Lúas de nácara Fina Casalderrey: Lúas de nácara
Col. Fóra de xogo, 68. Edicións Xerais
Vigo, 2003

Conjunto de cinco relatos que comparten la atmósfera sentimental de la noche de luz nacarada.
Lúas de nácara: Una pintora embarazada cuenta que está preparando una casa de aldea para vivir y cando va por allí mientras la arreglan oye cantos de amor. Por la vecina Aquilina se enteira de que los vecinos anteriores estaban muy enamorados; cuando ella, Flor, murió el hombre se negó a abandonar la casa e irse e vivir con la hija; se limitaba a escribir y decía que tenía que plantar una flor... Instalada en la casa, seguía oyendo canciones de amor. Hasta que una tarde apareció Cosme, un hombre misterioso que se ofreció a cuidar el jardín. Decía que estaba "feito da materia dos soños" y solamente trabajaba de noche: las de ese enero "foron noites de nácara, cheas de espellos nas que as sombras cobraban luz". Le habló de su amada Flor y de la oposición de los padres a que se casasen incluso cuando ella quedó embarazada. Una vez que ella plantó las simientes que había encontrado en la hoja de un viejo cuaderno con un poema sobre la camelia que quisiera florecer en invierno, Cosme desapareció engullido por la niebla y no regresó. Las había plantado al lado del laurel, pequeño y como enfermo, y de ellas nació una camelia, que con el paso del tiempo se enlazó con él. Pasados tantos años, todavía siguen juntos.
Henrique Bouzas, "O arxentino", acude a una Cita nos xardíns do Sur el día 5 a las 6 de la tarde. Tiene 35 años y lo citara por telefóno una voz fascinante y cálida como de viejo conocido, pero no aparece nadie. Tampoco el día siguiente, 6, a las 5. Sigue yendo mañana y tarde al parque, obsesionado por la estatua de bronce de rostro desdibujado por el paso del tiempo. Ya los niños se ríen de él por estar tantas horas mirándola. Y recuerda su infancia en la Pampa argentina; la carta que su abuelo Cándido había recibido de joven, recién llegado a Buenos Aires, de su hermano Ramón, del 29 de diciembre de 1908, en la que le pide que no se olvide de enviarle las 125 pesetas más intereses que restan por pagar del pasaje; los dos millones de pesetas para resarcir por los años de espera de la deuda que le diera el abuelo hacía diez años, poco antes de morir pobre, para que se los entregase en mano a la mayor brevedad a los herederos de Ramón... Pero como los primeros años del retorno de Henrique no fueron fáciles decidió utilizarlos. Hasta que el 29 de diciembre de 1996 les entrega el dinero a los herederos del tío abuelo. Entonces la estatua del jardín tiene una mirada placentera. Y la luna tiñe de nácar un charco de agua haciendo bailar la figura que se yergue en lo alto de los jardines.
Cuenta Adela, mujer de 40 años, en Refachos de néboa que once trabajadores de la empresa comenzaron a hacer el Camino Norte de Santiago en Ribadeo. Ella estaba viviendo el drama de una posible separación matrimonial. Todo empezó cuando en una capilla apareció un hombre hermoso, de barba cuidada, como su hombre ideal, que luego volvió a encontrar en la farmacia y le ayudó a curar los pies, y después en la catedral de Mondoñedo. Ella le confesó que hacía el Camino para encontrar la felicidad. Más adelante, en Arzúa, surgió entre muchos peregrinos Ramiro, su marido, para unirse al tramo final del Camino. Estaba hermoso, se había dejado barba, y le apeteció regresar con él para casa, sintiendo que lo recuperara.
Residencial Cero: narra Víctor que para vencer su esterilidad creativa se trasladó a la urbanización Residencial Cero, pues sentía que la excesiva luz de su ático le impedía seguir desarrollando la capacidad de artista. Instalado en la misteriosa urbanización, enigmática y obscura, atendía sus demandas, incluso amorosas, la empleada de la agencia inmobiliaria, Eva, ya que él había decidido desconectar de todos los amigos. Pero estaba inquieto y un día que ella no fue atendió la llamada de Anxo, que le abrió los ojos: estaba viviendo en el cementerio. Eva regresó con espíritus, dispuesta a llevarlo y, al rechazarla, ella se convirtió en un esqueleto que se deshizo en ceniza. "O río ferido pola lúa lanzou lampaños de auténtica nácara" y una fina lluvia deshizo la casa.
En Un xeado para toda a vida refiere el narrador que un día se quedó sin corazón. Los médicos no encontraron explicación al fenómeno. Cuando en el parque le negó de malos modos una limosna a una niña pobre, ella le reprochó que no tenía corazón. Luego, leyendo "La metamorfosis" de Ovidio se adormiló y tuvo una pesadilla: la niebla invadía el parque y los niños, desesperados, se convertían en monstruos-muertos en medio del caos... Despertó con buen corazón, según la niña, pues le dio dinero para un helado, que ella lamió, disfrutándolo: único, como si fuese para toda la vida. Entonces, con la oscuridad, la luna comenzó a pintar de nácar el parque. Y él se marchó, seguido por la niña, que le llevaba el libro, que había dejado olvidado.

228 p. - 21x14 cm.                         ISBN    84-8288-391-7
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