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Conjunto de cinco relatos que comparten la
atmósfera sentimental de la noche de luz nacarada. Lúas de
nácara: Una pintora embarazada cuenta que está preparando una
casa de aldea para vivir y cando va por allí mientras la arreglan oye
cantos de amor. Por la vecina Aquilina se enteira de que los vecinos anteriores
estaban muy enamorados; cuando ella, Flor, murió el hombre se
negó a abandonar la casa e irse e vivir con la hija; se limitaba a
escribir y decía que tenía que plantar una flor... Instalada en
la casa, seguía oyendo canciones de amor. Hasta que una tarde
apareció Cosme, un hombre misterioso que se ofreció a cuidar el
jardín. Decía que estaba "feito da materia dos soños" y
solamente trabajaba de noche: las de ese enero "foron noites de nácara,
cheas de espellos nas que as sombras cobraban luz". Le habló de su amada
Flor y de la oposición de los padres a que se casasen incluso cuando
ella quedó embarazada. Una vez que ella plantó las simientes que
había encontrado en la hoja de un viejo cuaderno con un poema sobre la
camelia que quisiera florecer en invierno, Cosme desapareció engullido
por la niebla y no regresó. Las había plantado al lado del
laurel, pequeño y como enfermo, y de ellas nació una camelia, que
con el paso del tiempo se enlazó con él. Pasados tantos
años, todavía siguen juntos. Henrique Bouzas, "O arxentino",
acude a una Cita nos xardíns do Sur el día 5 a las 6 de la
tarde. Tiene 35 años y lo citara por telefóno una voz fascinante
y cálida como de viejo conocido, pero no aparece nadie. Tampoco el
día siguiente, 6, a las 5. Sigue yendo mañana y tarde al parque,
obsesionado por la estatua de bronce de rostro desdibujado por el paso del
tiempo. Ya los niños se ríen de él por estar tantas horas
mirándola. Y recuerda su infancia en la Pampa argentina; la carta que su
abuelo Cándido había recibido de joven, recién llegado a
Buenos Aires, de su hermano Ramón, del 29 de diciembre de 1908, en la
que le pide que no se olvide de enviarle las 125 pesetas más intereses
que restan por pagar del pasaje; los dos millones de pesetas para resarcir por
los años de espera de la deuda que le diera el abuelo hacía diez
años, poco antes de morir pobre, para que se los entregase en mano a la
mayor brevedad a los herederos de Ramón... Pero como los primeros
años del retorno de Henrique no fueron fáciles decidió
utilizarlos. Hasta que el 29 de diciembre de 1996 les entrega el dinero a los
herederos del tío abuelo. Entonces la estatua del jardín tiene
una mirada placentera. Y la luna tiñe de nácar un charco de agua
haciendo bailar la figura que se yergue en lo alto de los jardines. Cuenta
Adela, mujer de 40 años, en Refachos de néboa que once
trabajadores de la empresa comenzaron a hacer el Camino Norte de Santiago en
Ribadeo. Ella estaba viviendo el drama de una posible separación
matrimonial. Todo empezó cuando en una capilla apareció un hombre
hermoso, de barba cuidada, como su hombre ideal, que luego volvió a
encontrar en la farmacia y le ayudó a curar los pies, y después
en la catedral de Mondoñedo. Ella le confesó que hacía el
Camino para encontrar la felicidad. Más adelante, en Arzúa,
surgió entre muchos peregrinos Ramiro, su marido, para unirse al tramo
final del Camino. Estaba hermoso, se había dejado barba, y le
apeteció regresar con él para casa, sintiendo que lo
recuperara. Residencial Cero: narra Víctor que para vencer su
esterilidad creativa se trasladó a la urbanización Residencial
Cero, pues sentía que la excesiva luz de su ático le
impedía seguir desarrollando la capacidad de artista. Instalado en la
misteriosa urbanización, enigmática y obscura, atendía sus
demandas, incluso amorosas, la empleada de la agencia inmobiliaria, Eva, ya que
él había decidido desconectar de todos los amigos. Pero estaba
inquieto y un día que ella no fue atendió la llamada de Anxo, que
le abrió los ojos: estaba viviendo en el cementerio. Eva regresó
con espíritus, dispuesta a llevarlo y, al rechazarla, ella se
convirtió en un esqueleto que se deshizo en ceniza. "O río ferido
pola lúa lanzou lampaños de auténtica nácara" y una
fina lluvia deshizo la casa. En Un xeado para toda a vida refiere el
narrador que un día se quedó sin corazón. Los
médicos no encontraron explicación al fenómeno. Cuando en
el parque le negó de malos modos una limosna a una niña pobre,
ella le reprochó que no tenía corazón. Luego, leyendo "La
metamorfosis" de Ovidio se adormiló y tuvo una pesadilla: la niebla
invadía el parque y los niños, desesperados, se convertían
en monstruos-muertos en medio del caos... Despertó con buen
corazón, según la niña, pues le dio dinero para un helado,
que ella lamió, disfrutándolo: único, como si fuese para
toda la vida. Entonces, con la oscuridad, la luna comenzó a pintar de
nácar el parque. Y él se marchó, seguido por la
niña, que le llevaba el libro, que había dejado
olvidado. |