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Diferentes voces narrativas informan al lector de
lo que le está pasando a Mario, hombre de unos 60 años y conserje
en una escuela de publicidad. Cada personaje centra un capítulo, en
diálogo con un interlocutor pasivo. Comienza Mario
explicándole a su mujer, Marta, y al cura de la parroquia que un mendigo
lleva varios días pidiéndole cada vez más dinero
llamándole por su nombre, como si lo conociese desde siempre. Y
él no se atreve a negárselo. Xandra, niña de diez
años del mismo edificio, le cuenta a una amiga cómo logró
que Mario le diese calcetines para el nido de su gata que va a parir
amenazándole con decir que intentó violarla. También
engañó a su madre, con fingida inocencia, sacándole
compresas para la gata alegando que eran para su primera menstruación.
Les tiene asco a los ancianos. El cura le dice a Marta que
sorprendió varias veces a Mario charlando amistosamente con una joven,
provocadora y en minifalda, por lo que cree que lo del mendigo es mentira.
Un periodista escucha la petición de Xandra de que invente una noticia
sobre un viejo acosador inspirada en su vecino. Marta informa a
Mariña, su única hija, que el psiquiatra le aconsejó
internarlo en un sanatorio antes de que lo acusen por abusar de una menor y
ellas se queden por cierto sin herencia, pues todo apunta a que anda con una
jovenzuela. Desde una cabina telefónica Xandra convence al
periodista de que invente la noticia de una mendiga que aprende el nombre de la
gente en el supermercado, utilizándolo luego para que le dé
dinero en la calle. Le amenaza con chivarse al director de inventar noticias de
supuestos sucesos. Mariña le cuenta a su marido que sabe que el
psiquiatra nunca había estado con su padre, por lo que deduce que su
madre inventó la historia para librarse de él. No va a permitir
que lo internen en un manicomio. El mendigo se queja al compañero de
que su proveedor fijo, Mario, desde hace dos días no aparece a la hora
de costumbre por lo que tendrán que buscar otro modo de conseguir dinero
sin mucho esfuerzo. Habían sido compañeros de mili, aunque nunca
se lo quiso decir. La portera del edificio le cuenta a otra que
oficialmente Mario cayó de la azotea cuando iba a orientar la antena
para ver bien un partido de fútbol. Sospecha que el mendigo lo
chantajeaba y que los vecinos del cuarto piso non le hablaban por culpa de su
hija, Xandra. Su mujer era muy altiva. Belén habla con una amiga de
que Xandra le dijo que había conseguido que un hombre se matara por
ella. Supuestamente el día que Mario fue a colocar la antena lo
incitó a tirarse; de hecho, desde el suceso, no volvió al piso
pues sus padres la llevaron. Le había hecho faenas a Mario en la azotea
cuando se quedaba dormido al sol mientras los niños del edificio
jugaban, como abrirle la petrina delante de todos o dejarlo encerrado al
relente. El segundo mendigo le explica al otro que vino junto a él
un ejecutivo de esos que dice la prensa que se hacen pasar un fin de semana por
pobres para vivir la experiencia de la mendicidad, pero a él no lo
engañó por lo que lo obligó navaja en mano a que retirase
dinero con las tarjetas de crédito. Ya tienen para unos días de
hotel. Y cuando se les acabe el dinero pueden hacer como esa mendiga que
según el periódico se entera en el supermercado de los nombres de
la gente, que luego aprovecha para sacarles una limosna. Se cierra la
novela con una relación de personajes y "sombras" que aparecen en la
historia. |