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AUTOR         ·         LECTOR          ·         COLECCIÓN         ·         GÉNERO         ·         AÑO



Linguas longas Xavier López Rodríguez: Linguas longas
Col. Costa Oeste, 14. Ed. Galaxia
Vigo, 1998

Diferentes voces narrativas informan al lector de lo que le está pasando a Mario, hombre de unos 60 años y conserje en una escuela de publicidad. Cada personaje centra un capítulo, en diálogo con un interlocutor pasivo.
Comienza Mario explicándole a su mujer, Marta, y al cura de la parroquia que un mendigo lleva varios días pidiéndole cada vez más dinero llamándole por su nombre, como si lo conociese desde siempre. Y él no se atreve a negárselo.
Xandra, niña de diez años del mismo edificio, le cuenta a una amiga cómo logró que Mario le diese calcetines para el nido de su gata que va a parir amenazándole con decir que intentó violarla. También engañó a su madre, con fingida inocencia, sacándole compresas para la gata alegando que eran para su primera menstruación. Les tiene asco a los ancianos.
El cura le dice a Marta que sorprendió varias veces a Mario charlando amistosamente con una joven, provocadora y en minifalda, por lo que cree que lo del mendigo es mentira.
Un periodista escucha la petición de Xandra de que invente una noticia sobre un viejo acosador inspirada en su vecino.
Marta informa a Mariña, su única hija, que el psiquiatra le aconsejó internarlo en un sanatorio antes de que lo acusen por abusar de una menor y ellas se queden por cierto sin herencia, pues todo apunta a que anda con una jovenzuela.
Desde una cabina telefónica Xandra convence al periodista de que invente la noticia de una mendiga que aprende el nombre de la gente en el supermercado, utilizándolo luego para que le dé dinero en la calle. Le amenaza con chivarse al director de inventar noticias de supuestos sucesos.
Mariña le cuenta a su marido que sabe que el psiquiatra nunca había estado con su padre, por lo que deduce que su madre inventó la historia para librarse de él. No va a permitir que lo internen en un manicomio.
El mendigo se queja al compañero de que su proveedor fijo, Mario, desde hace dos días no aparece a la hora de costumbre por lo que tendrán que buscar otro modo de conseguir dinero sin mucho esfuerzo. Habían sido compañeros de mili, aunque nunca se lo quiso decir.
La portera del edificio le cuenta a otra que oficialmente Mario cayó de la azotea cuando iba a orientar la antena para ver bien un partido de fútbol. Sospecha que el mendigo lo chantajeaba y que los vecinos del cuarto piso non le hablaban por culpa de su hija, Xandra. Su mujer era muy altiva.
Belén habla con una amiga de que Xandra le dijo que había conseguido que un hombre se matara por ella. Supuestamente el día que Mario fue a colocar la antena lo incitó a tirarse; de hecho, desde el suceso, no volvió al piso pues sus padres la llevaron. Le había hecho faenas a Mario en la azotea cuando se quedaba dormido al sol mientras los niños del edificio jugaban, como abrirle la petrina delante de todos o dejarlo encerrado al relente.
El segundo mendigo le explica al otro que vino junto a él un ejecutivo de esos que dice la prensa que se hacen pasar un fin de semana por pobres para vivir la experiencia de la mendicidad, pero a él no lo engañó por lo que lo obligó navaja en mano a que retirase dinero con las tarjetas de crédito. Ya tienen para unos días de hotel. Y cuando se les acabe el dinero pueden hacer como esa mendiga que según el periódico se entera en el supermercado de los nombres de la gente, que luego aprovecha para sacarles una limosna.
Se cierra la novela con una relación de personajes y "sombras" que aparecen en la historia.

118 p. - 20x13 cm.               ISBN    84-8288-201-5
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