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Comienza la novela presentando a Pedro Teixo,
director de la celulosa Papelgalsa, con su perro Ton, mirando hacia la Insua
con nostalgia: se va a marchar para los EE.UU. Se cuentan luego los
acontecimientos que provocaron esta decisión del protagonista. La
poderosa familia de los Figueroa había comenzado su decadencia cuando el
abuelo don Francisco tuvo hijos ilegítimos y perdió una gran
parte de su capital en el juego. Pedro Teixo era el hijo de un pastelero preso
durante años por sus ideas, que cuando regresó libre a su casa
poco tardó en morir reconfortado con una sorprendente fe. Con ayuda del
parróco, Pedro ingresa en el Seminario de Santiago, que luego abandona
para estudiar Química. Prosigue sus estudios en Madrid y se marcha para
EE:UU., en donde se convierte en un brillante profesor universitario, que
contrata como ejecutivo una multinacional. Pasa a ser "Míster Teijo".
Cuando la multinacional se propone construir una papelera en la ría
de su pueblo natal, acepta ser el director. Tiene que enfrentarse a las
mobilizaciones de una fuerte oposición ecologista liderada por el joven
coadjuctor Daniel Pita, con quien también está la progre Paloma,
hija de Alberto Figueroa, anticuario estafador que vende en Madrid las
supuestas antigüedades que expolia en el pueblo. Pedro Teixo quiere
comprar la punta de la Insua, un pequeño terreno de la familia de los
Figueroa que se niega a vender el anciano don Francisco. A cambio de un puesto
de trabajo en la papelera, el viejo marinero Evaristo, borracho, se la ofrece
por poco dinero, pues según unos papeles se la había ganado un
abuelo suyo al abuelo de don Francisco. Es un terreno deseado también
por una inmobiliaria. El viejo de los Figueroa muere intentando recuperar
la propiedad del terreno enfrentándose con una pistola a Pedro Teixo.
Aunque éste no es culpable de la muerte del anciano, el duro coste en
las relaciones personales y la realidad de que, una vez inaugurada la celulosa,
no parece que se vaya a instalar la prometida papelera, desencadenarán
la marcha definitiva de Pedro, cansado y desencantado de tantas
batallas. |