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Crónica de Ofiusa Francisco Vázquez Chantada:
Crónica de Ofiusa

Col. DoceXVintedous. Sotelo Blanco Edicións
Santiago, 2003

Baja la manada de lobos al valle de Sonán y atacan la casa del joven Ando, dejándolo malherido. El abuelo, Emoi, recorre de noche el peligroso bosque buscando "herbavento", la planta que lo puede curar; la encuentra cuando ella lo despierta con sus suaves hojitas, pues se quedara dormido con el cansancio. Se libra de los voladores "ollóns" o "curuxás" (que vigilan que los niños no salgan de noche de las casas), pero lo encuentra el Recacho, el viejo duende que únicamente le permite regresar a casa cuando le enseña la receta musical del esnafrón, pues se muere por las setas. Con la pócima de "herbabento", Ando por fin se cura de las mordeduras de los lobos.
Obsesionado porque una noche lo despertó una luz y un rostro desconocido le observaba, Emoi le explica que se vio a sí mismo de hombre y se va dejándole un petate, cerrado desde hace muchos años. Contiene dos fardos de cuero: en el primero hay un pergamino con el dibujo de un tríscele dorado formado por dos serpes unidas en espirales concéntricas y diez piececillas metálicas que, combinadas, componen la figura; cuando las encaje, podrá abrir el segundo fardo. Durante días trata de casar las piezas pero no es capaz; mientras, va creciendo y cambiándole la voz, haciéndose mayor. Hasta que el abuelo le trae una pieza mayor con la que encajan todas y compone el talismán. Pasados unos días, podrá lucirlo en su pecho y abrir el segundo fardo.
Se celebra la fiesta anual, a la que acuden los familiares y se cuentan sus novedades. Pero a Ando lo que le gustan son las historias que le cuenta el abuelo y cuando en el río lo salva de muerte segura, atacado por el "caracú" o "cumaldario", supera, sin ser consciente, la última prueba. Ya puede abandonar el valle de Sonán, con la espiral dorada en el pecho, que Daún, el padre, que nunca había podido componer, había perdido y recuperado en el río. También lleva la daga, descubierta entre los pliegues de cuero cuando el ataque del "cumaldario".
Al tercer día, en el río Maior, gracias a una anciana buscadora de oro no se deja engatusar por una ninfa que lo llama. Lo cruza en la barca de Gae, evitando los "xacios" que intentan hundir las naves con gigantescos árboles. Continúa, ahora ya en tierras de Non Fal, alejado de la gente. Se encuentra a un malabarista simpático que está jugando con una manzana: es Axe, un "guliaire" que vive en una de las zonas libres del interior del país, de hablar aquel-ado, que le cuenta la historia de la manzana amarilla que hizo que todas las mujeres mayores se aproximasen a él...
Sigue por una vía principal empedrada que conduce a la ciudad amurallada de Aliber. Escondido en un carro, entre toneles de vino, provoca un accidente aflojando una rueda para evitar que el carretero tenga que estar con una "soldadeira", obligado por los soldados. Apenas se detiene en la hermosa ciudad en feria. Sufre el ataque de unos salteadores, que lo atan a un árbol, aunque consigue liberarse. Guiado por tres niños, llega a la aldea de Batón, el herrero que se dedica a forjar armas para el gran día del combate contra el extranjero dominador de Non Fal.
Junto a una hermita de piedra en el valle, una hilera de siluetas encapuchadas con antorchas de fuego lo guían por una mina a través de la falda de la montaña, hasta el majestuoso Palacio de Novelúas. Habitado por Queade y sus doncellas, se erigió en recuerdo de las nueve derrotas de Ofiusa que evoca una leyenda en las piedras. En las proximidades hay una réplica minúscula en la que entra en cuclillas. Dozinda, una niña de cuatro años que dice ser la "conteira" del palacio, lo lleva hasta una piedra "abrideira" que intenta abrir con un tirapiedras, pero sólo consigue haciéndole cosquillas en la base. Luego de recitarle el texto legendario, se marcha. Guiado por Queade a través de un pasadizo subterráneo, contempla el mural de homenaje a los niños soldados de la épica batalla. Asisten después a la fiesta de otoño en el bosque, en donde se baten los bardos en combate poético por el premio de grabar un poema en la piedra de las murallas. Y luego hacen el amor con pasión y belleza. Antes de proseguir camino, ella le regala como recuerdo de Novelúas un cinturón con adornos de plata y azabache.
Avanza con dificultades por el bosque de Serra Negra. En el Camino Real unos soldados le cobran peaje, para llegar a Non Fal, la ciudad protegida por tres murallas, del sanguinario señor sin corazón. Cuando los soldados inspeccionan que la gente lleve calzoncillos bajo los sayones, el inquieto Axe le roba el casco a uno, se lo pasa luego a Ando y los dos son hechos prisioneros. En el palacio, en donde el Señor de Non Fal preside los festejos na honor de sus tres invictos generales, a los que alaba en la lengua de Cax y obsequia una piedra maravillosa, Ando es presentado como un joven enemigo que pretende retroceder a los tiempos de Ofiusa. Sólo podrá salvar la vida si acierta en cual de dos cajas, una roja y otra negra, está la perla blanca. La doncella virgen Dumvira, una "lilulóxica", le profetiza a Ando, interpretando el mensaje de las simientes de helecho, que sus enemigos no podrán con él; luego, una paloma torcaz negra volando anuncia que se abrirán las puertas y quebrantarán las cadenas. El Señor de Non Fal, encolerizado, le manda que abra con los ojos vendados una de las cajas: abre la negra, tragando la perla que contiene sin que los demás puedan verla; y cuando la doncella enseña la perla negra que guarda la caja roja, lo devuelven a la celda junto a Axe: su castigo es ser arrojado desde el puente para que las aguas del río lo alejen de Non Fal. La cocinera Elamona, que tiene el encargo real de ir metiendo en su comida pequeñas dosis de amanitas venenosas, se marcha locamente enamorada de Axe y no los traiciona. Al cuarto día cumplen la sentencia: los sumergen cuatro veces en el río con pesadísimas argollas y cuerdas en las piernas para después tirarlos. Sus cuerpos se pierden entre la corriente del agua...
Recupera el sentido Ando en el río y consigue encontrar a Axe, el amigo que le había salvado la vida enamorando a la cocinera, pero muerto. Continúa caminando hacia el naciente camino de Ofiusa. Lleva la esfera de azabache de la caja negra que su cuerpo acabó expulsando de las entrañas. Sube la Serra Branca, el bosque de tejos que creció entre rocas para proteger a Ofiusa. Y desde esa roca casi inaccesible que custodian piedras dispuestas como guerreros de piedra, en esta montaña mítica en donde otros que llegaron antes salen a recibirlo (y más que vendrán), se preparará para un día marchar hacia Non Fal. No importa lo que tengan que esperar en este poderoso reino de melancolía.
Y un "Cántico", en correspondencia con la "Lenda" inicial, cierra el libro proclamando que mientras nuestro tiempo no llega las viejas derrotas nos hagan fuertes, que el aliento de la tierra (y nuestra voz) conmueva allí en donde reina el silencio y el duro cuarzo.

166 p. - 12x22 cm.               ISBN    84-7824-433-6
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