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Adolfo Caamaño: Cris Canalla
Col. De Relatia. Edicións A Nosa Terra Vigo, 2009

Cris Canalla

Cuenta el narrador que cuando quedó a cargo de las catas para la construcción de un aparcamiento subterráneo, tuvo la fortuna de encontrar en una pared de los pilares de un pazo pontevedrés varias cajas con el testimonio de la amistad de dos hombres: un francés, Cristian Poncet, casado con una pontevedresa, y Manuel María Nai Expósito, hijo de la Inclusa, nacido en la Moureira pontevedresa, apodados Cris Canalla y Manumá. Reproduce a continuación los diarios y misivas que pudo transcribir, que debieron permanecer agachados en el sótano del pazo por el contexto histórico problemático para las ideas liberales, datados entre lo 28 de diciembre de 1814 y el 10 de enero de 1816. Por ellos sabemos:
Que Cristian desertó del ejército de Napoleón que invadió Galicia en 1809 cuando presenció en Ponte Sampaio la crueldad de la guerra. Se había alistado, voluntariamente, por el lábaro de la Libertad que había anunciado para la Humanidad la Revolución Francesa. Desilusionado, abandonó el ejército, que no las ideas de la Revolución.
Que Manumá espera en Cádiz para embarcar hacia América, y sueña con encontrar su hermano Andrés. Ya había ido allá en 1803 en una arriesgada expedición experimental para vacunar contra la variola. Habían ido veintiséis muchachos de la Inclusa, cuando el hermano tenía 7 años y él 10. Regresó con 13 años sin el hermano, que se quedó en Venezuela porque tenía fiebres, y desde entonces no supo nada de él.
En esa expedición que busca acabar con la rebelión de las colonias de Ultramar, de 30 buques de tranporte, 10.000 hombres y una escolta de 17 navíos de guerra, también va Cristian, a quien un veterano de Ponte Sampaio en una taberna de Cádiz alerta de los peligros que van a pasar. Tras su deserción, Cristian había andado año y medio huido por Terra de Montes hasta que lo cogieron cuando iba a hurtar unas ovejas los criados del hidalgo liberal, afrancesado, galleguista y anticlerical, el diputado en Cortes don Agustín Baamonde. Cuando este supo que había desertado al enterarse de que el ejército en el que servía no llevaba la Libertad ni la Igualdad pues era un ejército opresor, lo acogió como criado durante casi un año hasta marcharse para Cádiz para aprobar la constitución liberal. Entonces el joven francés se alistó en el Regimiento de Cazadores Extranjeros, para velar por la seguridad pública y perseguir escapados de las levas del ejército escondidos en el monte... En 1814, cuando se disolvió el Regimiento, ya llevaba meses casado con Elisa en Pontevedra.
Trabaron conocimiento los dos jóvenes cuando Manumá comenzó a sentirse mal y lo cambiaron para el barco Nuestra Señora de los Ahogados. Allí, le contó a Cristian que a la vuelta de América había escapado del barco en Lisboa, había ido andando hasta Oporto, en donde lo acogió el hidalgo don Sebastiao, con quien aprendió a leer y escribir, hasta que lo reclutaron a la fuerza para el ejército, llegando a combatir en Ponte Sampaio. La coincidencia de los dos como defensores de la causa de libertad estrechó su amistad: a Cristian le asombró su bondad habiendo pasado tanta soledad y abandono desde la niñez.
Llegan a la paradisíaca Isla Margarita, en donde desertan, abrazando de nuevo la causa de la Libertad, aunque el criado de los independentistas que los acompañaba tuvo que matar con un machete al veterano que había conocido Cristian en Cádiz, que quería vengar la leva obligatoria de sus tres hijos, a los que no había dejado escapar el francés, cuando estando en el regimiento los habían capturado, y habían muerto en el ejército. Pero se separaron porque Cristian no pudo pasar a Venezuela por culpa de una dolencia repentina.
Dos años después, Manumá está con Concepción Mariño, hija de gallego e irlandesa, patriota americana que había acogido como un hijo más a Andrés, que está en la selva luchando con los rebeldes. Cristian está en Haití, con Bolívar, que le llama Cris Canalla, y se enteró de que tiene un hijo de un año en Pontevedra. Manumá se casó con una criada de doña Concepción y va a tener un hijo. Esperan los dos que la invasión y liberación de Venezuela (¡Libertad!, ¡Igualdad!, ¡Fraternidad!) les permita encontrarse como tres hermanos.

122 p. - 22x12 cm.               ISBN    978-84-8341-316-6
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