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Cuenta el narrador que
cuando quedó a cargo de las catas para la construcción de un
aparcamiento subterráneo, tuvo la fortuna de encontrar en una pared de
los pilares de un pazo pontevedrés varias cajas con el testimonio de la
amistad de dos hombres: un francés, Cristian Poncet, casado con una
pontevedresa, y Manuel María Nai Expósito, hijo de la Inclusa,
nacido en la Moureira pontevedresa, apodados Cris Canalla y Manumá.
Reproduce a continuación los diarios y misivas que pudo transcribir, que
debieron permanecer agachados en el sótano del pazo por el contexto
histórico problemático para las ideas liberales, datados entre lo
28 de diciembre de 1814 y el 10 de enero de 1816. Por ellos sabemos: Que
Cristian desertó del ejército de Napoleón que
invadió Galicia en 1809 cuando presenció en Ponte Sampaio la
crueldad de la guerra. Se había alistado, voluntariamente, por el
lábaro de la Libertad que había anunciado para la Humanidad la
Revolución Francesa. Desilusionado, abandonó el ejército,
que no las ideas de la Revolución. Que Manumá espera en
Cádiz para embarcar hacia América, y sueña con encontrar
su hermano Andrés. Ya había ido allá en 1803 en una
arriesgada expedición experimental para vacunar contra la variola.
Habían ido veintiséis muchachos de la Inclusa, cuando el hermano
tenía 7 años y él 10. Regresó con 13 años
sin el hermano, que se quedó en Venezuela porque tenía fiebres, y
desde entonces no supo nada de él. En esa expedición que
busca acabar con la rebelión de las colonias de Ultramar, de 30 buques
de tranporte, 10.000 hombres y una escolta de 17 navíos de guerra,
también va Cristian, a quien un veterano de Ponte Sampaio en una taberna
de Cádiz alerta de los peligros que van a pasar. Tras su
deserción, Cristian había andado año y medio huido por
Terra de Montes hasta que lo cogieron cuando iba a hurtar unas ovejas los
criados del hidalgo liberal, afrancesado, galleguista y anticlerical, el
diputado en Cortes don Agustín Baamonde. Cuando este supo que
había desertado al enterarse de que el ejército en el que
servía no llevaba la Libertad ni la Igualdad pues era un ejército
opresor, lo acogió como criado durante casi un año hasta
marcharse para Cádiz para aprobar la constitución liberal.
Entonces el joven francés se alistó en el Regimiento de Cazadores
Extranjeros, para velar por la seguridad pública y perseguir escapados
de las levas del ejército escondidos en el monte... En 1814, cuando se
disolvió el Regimiento, ya llevaba meses casado con Elisa en
Pontevedra. Trabaron conocimiento los dos jóvenes cuando
Manumá comenzó a sentirse mal y lo cambiaron para el barco
Nuestra Señora de los Ahogados. Allí, le contó a Cristian
que a la vuelta de América había escapado del barco en Lisboa,
había ido andando hasta Oporto, en donde lo acogió el hidalgo don
Sebastiao, con quien aprendió a leer y escribir, hasta que lo reclutaron
a la fuerza para el ejército, llegando a combatir en Ponte Sampaio. La
coincidencia de los dos como defensores de la causa de libertad estrechó
su amistad: a Cristian le asombró su bondad habiendo pasado tanta
soledad y abandono desde la niñez. Llegan a la paradisíaca
Isla Margarita, en donde desertan, abrazando de nuevo la causa de la Libertad,
aunque el criado de los independentistas que los acompañaba tuvo que
matar con un machete al veterano que había conocido Cristian en
Cádiz, que quería vengar la leva obligatoria de sus tres hijos, a
los que no había dejado escapar el francés, cuando estando en el
regimiento los habían capturado, y habían muerto en el
ejército. Pero se separaron porque Cristian no pudo pasar a Venezuela
por culpa de una dolencia repentina. Dos años después,
Manumá está con Concepción Mariño, hija de gallego
e irlandesa, patriota americana que había acogido como un hijo
más a Andrés, que está en la selva luchando con los
rebeldes. Cristian está en Haití, con Bolívar, que le
llama Cris Canalla, y se enteró de que tiene un hijo de un año en
Pontevedra. Manumá se casó con una criada de doña
Concepción y va a tener un hijo. Esperan los dos que la invasión
y liberación de Venezuela (¡Libertad!, ¡Igualdad!,
¡Fraternidad!) les permita encontrarse como tres hermanos. |