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Antoine Joseph Ngounou, licenciado en Derecho,
se vino de su África natal para continuar estudios en Madrid. Lo
esperaba en el aeropuerto un amigo del colegio que le había escrito
contándole lo bien que vivía en Europa. Pero pronto descubre que
su realidad es otra: vive en un piso viejo, sucio y compartido; no sale por la
noche ante la amenaza de bandas xenófobas; sus compatriotas no tienen un
trabajo estable y dignamente remunerado; las mafias de la inmigración se
aprovechan de los que pasan ilegalmente en una, a veces, mortal
travesía... Él intenta matricularse en la universidad pero ni
la embajada le gestiona la beca de estudios concedida ni las autoridades
educativas aceptan la validez de sus certificados de titulación. Se
inscribe en la Escuela Oficial de Idiomas para aprender castellano pero los
apuros económicos hacen que acabe arriesgándose a vender tabaco
en una boca del metro. Hasta otro africano, para el que vende helados, le
estafa. Sólo su novia, Emma, lo apoya, pues hasta sus amigos lo evitan
por haberse enfrentado a otro inmigrante rico, hijo de politicos corruptos.
Se viene para A Coruña y consigue trabajo cortando árboles, mal
pagado y sin contrato. Pero el amo le debe dinero y vive, como otros
inmigrantes, en una pensión inmunda. Sin dar regularizado su
situación, lo detiene la policía y le instruye un expediente de
expulsión. Ni dos abogados ni una asociación de ayuda al
inmigrante, que también lo quiere utilizar, le solucionan el problema.
Se convierte en un clandestino sin trabajo. Desesperado, acaba aceptando que
perdió la batalla en Europa. Aprendió que el problema non
está en el color de la piel, sino en el trato desigual en función
de las posibilidades económicas. Regresará a su tierra. Pero
dedicará sus esfuerzos a que otros posibles inmigrantes no caigan en la
trampa de venir como él. Sabe que el progreso de África ha de
empezar por la educación, desde la cultura propia. |