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Breogán Riveiro: Tonecho de Rebordechao
Ilustraciones de Evaristo Pereira

Col. Árbore, 139. Serie Azul. Ed. Galaxia. Vigo, 2005
Premio Raíña Lupa 2004

Tonecho de Rebordechao

Narra en segunda persona Tonecho, un chico nacido en la ciudad que que tiene que trasladarse a Rebordechao, una pequeña aldea perdida en la montaña de Ourense, para vivir con los abuelos una nueva vida sin sus padres. Entre la experiencia de la naturaleza agreste y el contacto con los escasos vecinos discurre el día a día en el que se sorprende aprendiendo la vida del campo. Asiste a la escuela unitaria con Kevin, un chaval gordito dos meses más joven que él. Los dos están enamorados de Sabela, la maestra, por lo que su desilusión es grande cuando les dice que tiene novio desde hace años.
La tranquilidad colectiva apenas se ve alterada por pequeños acontecimientos como una atípica jornada electoral presidida por la abuela, en un local ruinoso. Tienen que estar todo el día, por culpa de Remixio, que se negó a ir a votar cuando todos los demás ya habían cumplido.
Y la tranquilidad de Tonecho se altera el día que descubre un misterioso cuarto con manchas de sangre en la casa de los carros. Según Kevin, en ella vivió el Hombre del Unto, mas según el abuelo la había habitado hace más de un siglo un vagabundo forastero, un asesino que había matado a una docena de mujeres y niños, que luego llevaba al monte y cortaba en trozos para que comieran los lobos. Aunque la abuela se enfadó al saber que el abuelo le contaba la terrorífica historia, él supo también por la maestra que era muy guapo y así engañaba a la gente, que lo conocía como el Hombre Lobo de Allariz. Su miedo aumentó cuando al visitar de nuevo la casa por poco le cae encima el techo de madera. El cuarto ya no tenía sangre, que debía haber limpiado el abuelo. Incluso el Portugués le negó su existencia. Finalmente, el abuelo le contó que el Hombre del Unto era muy pequeño, del que se decían que le sacaba la grasa a la gente, el unto, para hacer jabón que luego vendía en una droguería. Eran cuentos de la gente en la noche para que los niños aprendieran y no anduvieran solos por ahí adelante.
Mas sí era real el lobo que vio cuando iba de paseo con el perro Langrán, que escapó ante la visión de la fiera. También él echó a correr. Vio lobos enormes por el camino y un hombre grandísimo que lo perseguía. Despertó en el hospital: como estaba comiendo un bocadillo, al ver el lobo le había caído al suelo y al recogerlo debía llevar pequeñas setas tóxicas que le provocaron alucinaciones. Cuando se recuperó, fue a ver el lobo con el abuelo y el Portugués, dispuestos a matarlo. Como era una loba que acababa de parir tres lobeznos, él les pidió que no la mataran.

164 p. - 19x14 cm.                                                         ISBN    84-8288-864-1



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RECENSIONES

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