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Resalgario, hijo del Demonio Mayor, se cuela en
el carro de su padre el día que este acostumbra a dar un paseo por el
mundo y recibe como castigo echar un año de peregrino a Compostela.
Comienza de este modo su accidentado viaje en Traslicia. Uno de los problemas
es la comida: unas mazanas verdes robadas hacen que tenga que espantarle la
muerte al dueño y concederle un tesoro; en la siguiente ocasión,
gana la comida guadañando la hierba; en la playa de los zorros, un
raposo le enseña a coger cangrejos con el rabo e intenta
engañarlo para comerlos él solo pero el demonio fue más
listo. Su presencia física también le ocasiona disturbios: la
guarda civil lo detiene pues va indocumentado y puede ser un inmigrante ilegal,
pero a cambio de comida les sulfata la finca dominando a los escarabajos; la
gente se asusta al verlo y hasta un amante huye aterrao, aunque él no
puede hacer el "como quieras" con la joven por no darle enderezado un pelo del
pubis. En cualquier caso, los que intentan aprovecharse de él reciben
después una boa muestra de su ruindad y astucia. No todas las
experiencias son negativas. Libra porque no lo reconocen en la feria de las
palabras, en donde la gente compra palabras, pues al decirlas salen de la boca,
escapan, y la cantidad de ellas que uno tiene es limitada; o por non
desengañar a Marcos, el evangelista, que lleva siglos en una ermida pues
el padre de Resalgario le había gastado la broma de que todavía
le faltaban otros tantos miles de kilómetros como los que había
andado para llegar a Compostela. Cuando falta poco para llegar al
Obradoiro, recibe por medio de un morto que él había sacado de la
plaza pública en la que estaba por no pagar sus deudas y que ahora
trabaja de correo entre la parroquia de los muertos y la de los vivos, una
carta en clave de su madre, en la que le explica la fórmula para
enderezarle el pelo a la joven. Esta es su perdición: luego de
conseguirla y después de darle los croques correspondientes a San
Croques (que transigió a cambio de sacarle la mai del infierno, de la
que había vendido el alma para poder acabar su magna obra),
decidió no marchar con su padre, que lo vino a buscar al Obradoiro: los
besos de la joven pudieron con él. |