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Fran, joven de trece años, le escribe cartas a
Iván, amigo muerto en accidente hace cinco años.
Soñó con él y ahora siente su presencia a cada minuto. En
las cartas, que esconde en la vieja pared de la Carballeira do Agro, el
territorio común de los juegos cuando Iván vivía, con la
esperanza de que su amigo las pueda leer, le cuenta lo que le está
pasando. Le escribe sobre la vida en el colegio, sobre la incertidumbre de
estar en el último curso de 8º de E.G.B. y la duda de incorporarse
a ESO o a BUP; sobre los profesores, cada uno con sus rarezas pero en general
receptivos a la problemática de los alumnos; sobre la fantástica
excursión de fin de curso a Port Aventura; y, claro, sobre la
relación con la compañera Helena, que le gusta y a la que le
envía un poema, que ella contesta con una carta citándolo en la
biblioteca. Buen alumno, sin problemas de suspensos en el curso, es
también un buen lector de novelas que tratan desde una perspectiva
realista los problemas de la adolescencia, por lo que no tarda en escribir
pequeños textos literarios. Pero su principal preocupación es
la enfermedad nerviosa de la madre, que bebe demasiado, discute con el padre y
depende de los somníferos para dormir. Fran siente que ella ya no se
interesa por él, por lo que cuando su madre se intenta suicidar con
tranquilizantes, él se corta las venas, dejando una carta medio escrita
para el amigo muerto pidiéndole ayuda. Afortunadamente, se recuperan
poco a poco en el hospital, pues de noche Iván se le aparece a Fran y le
ayuda a recuperar la paz y confianza perdidas. |