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X. H. Rivadulla Corcón: Os piratas da illa da Esperanza
Ilustraciones de Adrián Solleiro

Col. Merlín, 181. Edicións Xerais. Vigo, 2008


Os piratas da illa da Esperanza

Cuenta Mario Stevenson que habían soltado amarras en el puerto de Corcubión, llegaron a la isla de la Esperanza y vararon el galeón Playa de Quenxe en la playa, después de abortar un motín del rufián de Silver. Querían que las monedas de oro del tesoro sirvieran para pagar los gastos de elaboración de un medicamento que curara de la cruel enfermedad a muchos niños del mundo como el hijo del capitán John Pelo Crecho. Durmieron allí y cuando amaneció vino la Guarda Civil: esposaron al Vagabundo y a Xan lo llevaron en una ambulancia.
Esto pasó en Muxía hace 4 años, cuando el narrador tenía diez. Fueron él y sus amigos del Club de Lectores Piedra de los Cuervos: tres chicas, el narrador y Xan, que es dos años mayor y novio de Luisa. En el club había entrado también el Vagabundo, un hombre misterioso del que los adultos recelaban, que un día había aparecido en el autobús, vivía de vender figuras de una piedra y conchas que él hacía y, como no tenía dinero, el herrajero permitió que se instalase en su caseta abandonada. Al principio pasaban los chavales por allí con miedo, hasta que un día él los sorprendió y les pidió que lo dejaran ser del club. Comenzaron leyendo su libro A isla del tesoro. Luego, se les ocurrió escenificar teatralmente secuencias del texto.
Pero todo cambió un día, cuando el capitán, Xan, comenzó a sentirse mal. Durante meses no salió de casa. Tenía leucemia, por lo que lo llevaron para el hospital y le cayó el pelo. Cuando el Vagabundo les habló de la gravedad del mal del amigo, Martín propuso ir a rescatarlo: lo sacaron del hospital en el coche de su madre, en el puerto desatracaron un barco, el Playa de Quenxe, y navegaron hacia la isla, por la ría de Corcubión. Así habían pasado las horas viviendo en la imaginación la aventura de la isla. Hasta que apareció en la playa de Lariño la Guarda Civil, que llevó a Xan al hospital y prendió el Vagabundo. Lo acusaron de robo de coche, de barco, y rapto, por lo que lo podrían condenar a cuatro años de cadena. Pero resultó que él era el único que tenía compatibilidad con Xan para hacerle el trasplante de médula ósea imprescindible para seguir vivo. Corriendo grave riesgo por su delicado corazón, aceptó el Vagabundo. La operación fue todo un éxito. En su caseto descubrieron dos libros de poesía gallega de los que era autor y su nombre auténtico: Marcelino. Pero no volvieron a saber más de él, que desapareció cuando retiraron las denuncias.
Ahora, cuatro años después, el herrajero les facilitó la última carta de Marcelino, acabado de morir en Portugal, en la que se despide de ellos proclamando su derecho a vivir de manera no convencional y la emoción de la amistad compartida.
Por ello recuperó la aventura pasados cuatro años: a modo de homenaje al tesoro de la amistad.

120 p. - 19x14 cm.                                                          ISBN    978-84-9782-728-7

 materiales 

 .  Proxectos de Animación á Lectura - Edicións Xerais (.pdf)



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