|
En un pueblo como todos del planeta Tierra vive
Uli, quien, como siempre le dice su padre, Perfecto, cuando le expresa alguna
ilusión o deseo, todavía cree en los peces de colores. Es lo que
le dice también a su mujer, Laura, que cada día se vuelve
más triste, callada e invisible. Una noche, Uli decide marcharse de casa
en la bicicleta a la búsqueda de los peces de colores para
traérselos a su padre y así demostrarle que existen. Llega al
Val do Eco, en donde un viento rebelde, exiliado del país de Eolo por
enfrentarse al huracán Mitch y que también cree en los peces de
colores, le da una pequeña caja con un poquito de viento que le
ayudará en su aventura. Un unicornio huído del País da
Fantasía para conocer mundo, que ya había visto los peces de
colores, se ofrece a llevarlo a su espalda. Arriban a un pueblo abandonado,
habitado sólo por Joe Dell, un hombre-sombra que está a punto de
dispararle a Uli con su rifle por intruso, pero cuando concoce su viaje le
cuenta su historia triste: del indio de una reserva de Nebraska a quien por
quemar una bandera en una manifestación le incendiaron su casa con la
familia dentro, por lo que se vino a vivir en soledad. Le regala un
lápiz de colores para que le dé color a aquello que crea
necesario y una goma para que borre lo que no le guste. Uli le borra el rifle y
sigue rumbo en el unicornio. Aterrizan junto al mar: en las rocas de la
playa una joven muy hermosa toca al saxo una canción, aunque no puede
hablar pues se quedó muda por amor. Encuentra también a un viejo
marinero, que le cuenta a Uli que un día ayudó a una sirena a
volver del mar, pues había quedado en un charco al bajar la marea; la
veía de vez en cando gracias a un pendiente que ella le dejara y se
enamoró. Pero un día encontró en el mar el otro pendiente
y no volvió a ver a la sirena. Como recuerdo, le da a Uli una caja con
los dos pendientes de sirena. Uli continúa camino entre las nubes.
Aparece en un pueblo en guerra en donde se niega a entrar el unicornio. Conoce
a un chico de su edad, Marko, cuyo padre está en la guerra; le regala la
caja, la goma de borrar y el lápiz de colores. Duerme en lo que fue la
escuela y al día siguiente se encuentra con un papel con peces de
colores que había pintado Marko, quien, según le explica en una
carta, se marchó para un campo de refugiados huyendo del pájaro
del mal. En la estación se sube a un tren verde, como le recomendara
Marko, que lo llevará "camiño do corazón". Es el
único pasajero. Acaba su viaje cuando se mete a toda velocidad por un
túnel negro. Suena entonces el despertador. Uli ya no sabe si tuvo
una pesadilla o hizo un largo viaje, aunque encuentra en su mesa de trabajo un
dibujo con peces de colores, y en una cajita unos pendientes de coral. Desayuna
y marcha contento al colegio, tarareando la canción que un día le
oyó tocar a alguien en un saxo. |