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El 12 de octubre de 1806, andando el Vizconde
Chateaubriand de romería por Tierra Santa, decidió hacer un breve
intermedio. Dispuso que se armara la Gran Máquina Voladora, con forma de
oca, que le había regalado Napoleón Primero de Bonaparte,
construida según unos planos adquiridos a un anticuario de Milán
y atribuidos por algunos a Leonardo. Mandó cargar provisiones para al
menos 7 días con papel, lápiz y un ejemplar del Quijote en lengua
bretona. Y partió volando en dirección a Ferrol y
Mondoñedo, como les había prometido en Jerusalén a los
Padres Franciscanos, deseosos de que el primer artefacto volador de la Historia
de la Cristiandad surcase los cielos de la Tercera Bretaña, para saludar
así el ya próximo comienzo de las celebraciones del Noveno
Centenario de San Rosende, recordado pacificador de la Gallaecia. La primera
jornada en la Gran Máquina voló sobre la Esfinge y las tres
pirámides con enérgicas pedaladas. La segunda jornada, Venecia.
La tercera, Lugano, en donde posó la oca en el lago para descansar
tranquilo mientras la multitud lo aclamaba desde la muralla. La cuarta,
París. La quinta, en la playa que está ante el monte de San
Miguel. En la sexta llegó a Ferrol y en la séptima arribó
el Día de las Sanlucas a Mondoñedo y tomó tierra en el
centro del Campo de las Bestias, donde ya Merlín lo aguardaba. Fue
recibido por todas las autoridades en la Casa Consistorial Mindoniense.
Allí echó un discurso hablando de su tatarabuela pobre que
procedía de allí, de la Bretaña Última. Entonces un
estruendo inmenso interrumpió su discurso: sobre Mondoñedo
levitaba la gigantesca figura de San Rosende que loó la bondad del reino
que acogía a los pobres y viejos, aunque no figure en los mapas.
Comenzó luego a elevarse en el cielo y, aunque era de día,
brillaron las estrellas y dos lunas, y otra más que se desprendió
de la mitra del santo para irse posar en las manos del vizconde mientras el
santo desaparecía. Así fue el Milagro de las Sanlucas del
año 1806, cuando Chateaubriand le dio a Mondoñedo el privilegio
de custodiar la Gran Máquina Voladora en la que él había
venido desde Tierra Santa, la Oca de Leonardo, que se guardó,
después de desmontada, en un desván de la
basílica. Edición especial con ilustraciones a toda
página y color, que desempeñan un papel muy relevante en la
obra. |