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Cuenta Isolina que cuando tenía once
años vivió su primera noche de fiesta, en la víspera de
San Juan. Luego de saltar la hoguera y hacer las travesuras típicas,
descubrió una estrella muy brillante que resultó ser una bola
enorme de luz que se posó en la tierra. Estando ya en cama, la vino a
buscar Paco, el amigo inseparable, y volvieron al lugar: de una nave salieron
unas bolitas, convertidas después en seres diminutos con pantalla en el
pecho, cuatro brazos, tres ojos, sin pelo y de colores diferentes. Consiguieron
comunicarse con ellos y supieron que, procedentes del planeta Feiticeiro,
venían a pasar veinte días a la Tierra para estudiar el
comportamiento de sus habitantes. Como eran de diferentes colores, decidieron
llamarles Coroides. Desde ese momento, se hicieron amigos y compartieron
aventuras, ya que los dos amigos eran los únicos humanos que los
podían ver. Le ayudaron a Paco jugando al fútbol con sus
compañeros y a Isolina a perderle el terror a la piscina o en un
concurso de adivinanzas. Eran muy sensibles: si se sentían despreciados,
encogían hasta desaparecer. Pasaron rápidos los veinte
días, pero todavía no se separaron. En su nave
ultrarápida, llevaron a los dos humanos a su planeta, en donde les
enseñaron durante sete días las sorprendentes provincias de cada
uno de los siete extraterrestres: la del mar, en el que respiraron como
anfibios y jugaron con la nieve; el espacio del terror, al que fueron en una
pirámide; la provincia verde, en donde ella se transformó en una
flor y él en un ciervo; el museo del pasado, en las profundidades del
planeta; la provincia de las notas musicales y frutos que se convierten en
juguetes. La experiencia del último día fue especial: en una
nube, con la mágica Bola del Poder de los Poderes, tuvieron que pasar la
prueba de su bondad y capacidad de entrega a los demás ayudando a sus
vecinos de aldea a recuperar unas gallinas desaparecidas o un gato. Y, cumplida
la misión, reaparecieron junto a sus amigos, que apenas notaron su
tardanza. Acaba Isolina su relato explicando que ahora, a punto de
cumplirse los cincuenta años de la visita de los coroides, cuando les
toca reaparecer, los lectores deben estar pendientes de las estrellas en la
noche de San Juan porque pueden ser los elegidos para vivir una aventura como
la suya. |