 |
Incluye tres historias
de los "archivos de Sheila y Said": A negrura do mar: Cuenta Sheila
su primera aventura en el mar, antes de "Ameaza na Antártida", en el
año 2076. Un día leyeron que estaban llegando a la Costa da Morte
manchas de hidrocarburos, aunque hacía años que se había
abandonado la explotación de petróleo y carbón,
sustituídos por energías más limpias. Se desplazaron hasta
la zona, en donde Lela, una anciana, les entregó cuatro cartas (que se
reproducen) de su hermano marinero Daniel, en el 2002. En ellas le explica como
la marea negra del Prestige invadió las costas galegas y mientras el
gobierno intentaba rebajar, engañando, el impacto ambiental, la gente
tuvo que hacerle frente, en una marea de solidaridad, a la catástrofe
ecológica. Refiere luego Said su dedución de que al no
circular ya barcos petroleiros, el vertido solamente podía proceder de
uno hundido años antes. Alquilaron un transportador submarino y
siguiendo el viejo "pasillo de la muerte" de Fisterra encontraron el origen: un
gigantesco petrolero hundido en el fondo marino, con muchas grietas por las que
escapaba la mezcla de hidrocarburos que transportara. En las islas
Caimán, en donde estaba inscrito el barco (oficialmente desmantelado dos
años antes), se entrevistaron con el director del banco a través
del cual operaba la misteriosa compañía naviera y consiguieron
llegar hasta el mayor traficante mundial de petróleo, oficialmente en
paradero desconocido, facilitándole a la policía su captura con
gran riesgo para sus vidas. A primeira aventura figura en el volumen
colectivo Historias para calquera lugar y en la
edición especial de As aventuras de Said e
Sheila. O misterio do prión recoge la que según
Said (narrador único) es realmente la primera aventura de él y su
hermana, cando el iba a cumplir 9 años y Sheila tenía 7, en 2074.
En Loreda, el amigo Brais estaba preocupado pues las avestruces de la granja de
sus padres tenían una extraña enfermedad: sin poder dominar las
piernas, se habían vuelto agresivas y se rascaban continuamente.
Buscando en la red informática, encontró una referencia a una
enfermedad de los corderos en el XVIII con los mismos síntomas:
descoordinación en el movimiento y deteriorización nerviosa. Al
día siguiente, la granja estaba en "aislamiento biológico",
controlada por personal de seguridad. Los padres de Brais aceptaran una
indemnización y se iban a trasladar a la ciudad. Como los veterinarios
se negaron a encontrarse con ellos, los chicos entraron a través en sus
archivos informáticos: descubrieron que el mesencéfalo de las
avestruces y el de las vacas afectadas por la EBB o mal de las vacas locas (que
empezara en el Reino Unido y afectara también a los humanos), presente a
finales del 2000 en Galicia, era igual: destruído su encéfalo
hasta dejarlo como una esponja llena de agujeros. Y también el de las
ovejas dos siglos antes. La culpable era una proteína afectada, o
prión, que acababa destruyendo las neuronas del encéfalo. En la
granja hallaron sacos vacíos de piensos hechos con harinas
cárnicas, enterrados porque no podían ser usados en la
alimentación de animales destinados al consumo humano. El prión
se había conservado en los piensos de una partida sacada ilegalmente de
Gran Bretaña y almacenada a finales del XX en un país de
África, que años después estaba siendo introducida
clandestinamente de nuevo en Europa. Los padres de Brais, que estaban pasando
un mal momento económico viendo la ocasión de obtener beneficios
rápidos, se lo habían dado a las avestruces. El profesor Souto,
un viejo veterinario, los felicitó como héroes. Estas
historias forman parte de la serie As aventuras de
Said e Sheila, integrada por los libros Perigo
vexetal, Ameaza na Antártida y
O futuro roubado. |