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Ramón Caride: A negrura do mar
Ilustraciones de Miguelanxo Prado
Col. Merlín, 143. Edicións Xerais. Vigo, 2004


A negrura do mar

Incluye tres historias de los "archivos de Sheila y Said":
A negrura do mar: Cuenta Sheila su primera aventura en el mar, antes de "Ameaza na Antártida", en el año 2076. Un día leyeron que estaban llegando a la Costa da Morte manchas de hidrocarburos, aunque hacía años que se había abandonado la explotación de petróleo y carbón, sustituídos por energías más limpias. Se desplazaron hasta la zona, en donde Lela, una anciana, les entregó cuatro cartas (que se reproducen) de su hermano marinero Daniel, en el 2002. En ellas le explica como la marea negra del Prestige invadió las costas galegas y mientras el gobierno intentaba rebajar, engañando, el impacto ambiental, la gente tuvo que hacerle frente, en una marea de solidaridad, a la catástrofe ecológica.
Refiere luego Said su dedución de que al no circular ya barcos petroleiros, el vertido solamente podía proceder de uno hundido años antes. Alquilaron un transportador submarino y siguiendo el viejo "pasillo de la muerte" de Fisterra encontraron el origen: un gigantesco petrolero hundido en el fondo marino, con muchas grietas por las que escapaba la mezcla de hidrocarburos que transportara. En las islas Caimán, en donde estaba inscrito el barco (oficialmente desmantelado dos años antes), se entrevistaron con el director del banco a través del cual operaba la misteriosa compañía naviera y consiguieron llegar hasta el mayor traficante mundial de petróleo, oficialmente en paradero desconocido, facilitándole a la policía su captura con gran riesgo para sus vidas.
A primeira aventura figura en el volumen colectivo Historias para calquera lugar y en la edición especial de As aventuras de Said e Sheila.
O misterio do prión recoge la que según Said (narrador único) es realmente la primera aventura de él y su hermana, cando el iba a cumplir 9 años y Sheila tenía 7, en 2074. En Loreda, el amigo Brais estaba preocupado pues las avestruces de la granja de sus padres tenían una extraña enfermedad: sin poder dominar las piernas, se habían vuelto agresivas y se rascaban continuamente. Buscando en la red informática, encontró una referencia a una enfermedad de los corderos en el XVIII con los mismos síntomas: descoordinación en el movimiento y deteriorización nerviosa. Al día siguiente, la granja estaba en "aislamiento biológico", controlada por personal de seguridad. Los padres de Brais aceptaran una indemnización y se iban a trasladar a la ciudad. Como los veterinarios se negaron a encontrarse con ellos, los chicos entraron a través en sus archivos informáticos: descubrieron que el mesencéfalo de las avestruces y el de las vacas afectadas por la EBB o mal de las vacas locas (que empezara en el Reino Unido y afectara también a los humanos), presente a finales del 2000 en Galicia, era igual: destruído su encéfalo hasta dejarlo como una esponja llena de agujeros. Y también el de las ovejas dos siglos antes. La culpable era una proteína afectada, o prión, que acababa destruyendo las neuronas del encéfalo. En la granja hallaron sacos vacíos de piensos hechos con harinas cárnicas, enterrados porque no podían ser usados en la alimentación de animales destinados al consumo humano. El prión se había conservado en los piensos de una partida sacada ilegalmente de Gran Bretaña y almacenada a finales del XX en un país de África, que años después estaba siendo introducida clandestinamente de nuevo en Europa. Los padres de Brais, que estaban pasando un mal momento económico viendo la ocasión de obtener beneficios rápidos, se lo habían dado a las avestruces. El profesor Souto, un viejo veterinario, los felicitó como héroes.
Estas historias forman parte de la serie As aventuras de Said e Sheila, integrada por los libros Perigo vexetal, Ameaza na Antártida y O futuro roubado.

163 p. - 19x14 cm.                                                          ISBN    84-9782-213-7

 materiales 
  .  Proxectos de Animación á Lectura - Edicións Xerais (.pdf)

 recensiones 
  .  La Voz de Galicia - Rodri García



Opinion