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Dríar, un chico que vive en el año
5045, observa con asombro en la pantalla del ordenador las bárbaras
costumbres de aquellos salvajes que conquistaron la luna, con bichos asquerosos
como las moscas y su alimentación de animales monstruosos como los
conejos en lugar de comida de concentrados. Aunque le llama la atención
en el vídeo la felicidad de un chico, también de doce
años, con un perro. Moncho, en 1985, en su colegio, en la clase de
Ciencias Naturales, cuando hablan de animales no puede dejar de referirse a su
perro, Lis, tan bueno y juguetón. Dríar no entiende
cómo se puede ser feliz teniendo un perro, pero el profesor-ordenador le
explica que ese sentimento ya no tiene razón de ser pues están en
la sociedad perfecta del hombre satisfecho que no debe de pensar por sí
mismo. Entonces a él lo asaltan las dudas y recuerda a su abuelo
temporólogo, que viajó en el tiempo hasta que desapareció.
Antes, le había aconsejado que luchara por ser él mismo y
recuperase la imaginación. Moncho no puede estudiar para el control
del colegio. Tiene fiebre y deberá operar las amígdalas.
Dríar descubre fascinado en la factoría de cultivos
hidropónicos el sabor de la manzana. Siente que le gustaría
viajar al tiempo del chico del perro y sueña, por lo que empieza a ser
tratado por el psicólogo. Desea vestir ropas de colores (y no uniforme
gris), tener un amigo y vivir en un bosque. Sabiendo que van a intentar alterar
su voluntad, en una visita al centro de temporología escapa del
profesor-robot y se mete en una nave. Su viaje en el tiempo lo trae a la
aldea de Moncho, a quien ayuda cuando su abuelo tiene un accidente con el
carro. Desde entonces son amigos inseparables. Tanto que los padres de
éste deciden adoptarlo legalmente como hijo. |