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En capítulos que
alternan con el narrador en tercera persona, cuenta Khoedi (cuyo nombre
significa luna en wolof), una chica senegalesa de diez años, su
alegría por encontrar la luna en el cielo, después de días
de nubes. Es la misma que dejó en su país unos días antes
de venirse para Vigo con la hermana Naima y su madre, para reunirse con el
padre, que por fin pudo traerlas junto a él. La luna es el camino que la
lleva a su inolvidable tierra. Y su confidente, a falta de la abuela
Mamá Feriane, que le contaba historias tradicionales y la
aficionó a contarlas e incluso inventarlas. Recuerda así,
entre la nostalgia que no la deja dormir, como la abuela le contaba en la
terraza, a la luz de las estrellas y fumando en pipa, la historia del
Apañador de Almas, que venía a buscar la hoja que caía del
árbol y la llevaba antes de que llegara al suelo, pues las vidas son
como hojas llevadas por el viento, y por eso las almas nunca mueren; la de los
colores, nacidos porque un dios le mandó la una serpiente
kilométrica que las desparramara por el mundo; o la de las lenguas, que
existen porque la Serpiente de las Palabras fue soltando palabras por el mundo
en un idioma diferente. De la misma manera, ella le cuenta historias que
inventa a su hermana, pequeña, para que se duerma: la del
Príncipe de las Estrellas, hijo del rey que se enamoró de una
estrella, que desea encontrar a Naima; o la de la Melaza de los Fantasmas, en
la que se metió un niño persiguiendo una mariposa y perdió
el alma. A lo largo de tres meses, desde mediados de junio a mediados de
septiembre, hasta el primer día en la nueva escuela, y siguiendo las
fases de la luna, la joven rememora el pasado, cuando el padre tuvo que emigrar
acusado de un robo que no había cometido, escucha las duras condiciones
del viaje del padre (en una patera en la que murieron la mitad) y de su llegada
a Vigo (en donde le dio trabajo un hombre a quien ayudó en Madrid cuando
se encontraba mal) y explora el nuevo mundo: el piso, la zona del Berbés
en la que vive... Y hace nuevas amistades, desde la estudiosa universitaria
Mareime, que está investigando sobre la venida de los inmigrantes, a
Beidu, otra senegalesa, y sus amigas, todas ellas de diferentes partes del
mundo, aunque no falta una nacida en Vigo. Y también viaja con el atlas,
recorriendo con su dedo los países. Hasta que llega el día de
ir al colegio, circunstancia que la tiene muy nerviosa. Mas el primer
día no es tan duro como imaginaba, pues incluso, animada por la maestra,
cuenta el relato "El príncipe de la Luna": de los siete hijos del rey,
de siete mujeres, sólo uno nació con la luna llena en el pecho;
una de ellas, envidiosa, mandó que lo mataran y así fue ella la
reina, mas sobrevivió protegido por los animales hasta que un día
el rey lo descubrió y lo recuperó como hijo, y a su madre como
reina. Al acabar, toda la clase aplaudió. Entonces aprende que
quizá, como el príncipe de la Luna, acabará superando las
dificultades y encontrando su camino. Y, como el baobad, en las temporadas de
lluvia acumulará agua para resistir las sequías más largas
hasta volver a florecer cuando las lluvias regresen. Porque a lo mejor su
destino es inventar historias y contárselas a los demás en el
único país que importa de verdad, el que acabamos construyendo
con las personas que queremos Y aunque llegue a sentir que las nuevas calles
también son suyas, nunca olvidará las de Senegal, porque siempre
encontrará allá en lo alto la Luna de Senegal. La
edición incorpora también un vocabulario de wolof y sendas
entrevistas con el autor y la ilustradora. |