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Celebrando la
llegada al número cien de la Colección Merlín, se publican
cinco relatos originales de algunos de los autores más destacados que en
ella tienen obra. En A muller prohibida de An Alfaya cuenta un joven
sus paseos con el padrino, ya mayor y con lagunas de memoria, en los que este
recuerda dos momentos felices: la muerte del dictador Franco y la fugaz
visión de la espalda desnuda de la hermosísima mujer del maestro,
la mujer prohibida de su infancia, en una imagen que todavía permanece
en su retina tantos después. El ahijado se convierte así en su
memoria. Ramón Caride narra en A primeira aventura de Sheila e
Said un suceso de la primera infancia de dos hermanos protagonistas de una
serie de libros que se desarrollan en la sexta década del siglo XXI
("Ameaza na Antártida", "Perigo vexetal" y "O futuro roubado"). Ante un
ataque de los enemigos de su pueblo, tienen que escapar del oasis en el que
viven a una cueva, en donde una patrulla los descobre pero respeta su temprana
edad. Instaurada la paz, se instalan con su abuelo en el molino de Loreda, la
vieja casa familiar. El narrador de As sombras do faro, de
Agustín Fernández Paz, recuerda cuando llegó a Pontebranca
para hacer el primer curso de bachillerato. La torre de un viejo faro,
sobrevolada por los cuervos continuamente, que todos los vecinos prefieren
ignorar, es el escenario de su misterioso descubrimiento de unos seres
fantasmales. La osadía de acercarse a ella provoca las ameazas de los
habitantes del pueblo contra el intruso, la prohibición de seguir
saliendo con su chica y el traslado familiar para una ciudad próxima.
Ahora, treinta años después, lleva rosas rojas a la torre,
sabedor de que había sido escenario de fusilamientos en la guerra civil.
Tapiado el pozo en el que arrojaron a los "rojos", se convirtió en un
centro de visitas turísticas. Do que lle aconteceu a Silvano a
consecuencia de caer dunha cerdeira de Xabier P. Docampo cuenta lo ocurrido
a un niño travieso cuando cayó de un cerezo y empezó a
deshablar, a decir las palabras al revés. Los médicos del
hospital no dan con el remedio, pero sí la abuela: unas buenas bofetadas
corrigen parcialmente el defecto y le otorgan la facultad de desencadenar la
realización de sus deseos. Un día jugando al fútbol
envió la pelota al tejado de su casa, se concentró en subir por
ella pero no fue capaz de dosificar mentalmente el descenso sin arriesgarse a
llevar un buen golpe. El agotamiento pudo con él y, medio dormido,
cayó encima de su padre. Desde entonces habla perfectamente y no tiene
poderes mentales. Pero el padre habla al revés. Tendrá que
aplicar nuevamente su remedio la abuela, pues, muerta como otras veces,
regresará cuando la entierren sin su dentadura. Miguel
Vázquez Freire sitúa A secta do can en una megaciudad del
siglo XXII. Ax recibe el encargo de destruír al jefe de la Secta do Can.
Sus seguidores se introducen en ciberpantallas privadas y en las de los centros
de enseñanza o de los estadios deportivos con mensajes contrarios al
Orden Único Universal. Con ayuda del agente de pantalla Alf, localiza a
un joven recluído en su habitáculo desde hace tres años,
cuando estuvo a punto de morir en la escuela por un abuso que la
dirección no penalizó. Se solidaraza con él, manipulan los
circuitos de Alf y huyen juntos de la macrociudad. En plena natureza, Ax
recuerda los tiempos en los que los humanos no se dejaban mandar por las
máquinas. |