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En los tiempos agitados
de la Gloriosa, la revolución de septiembre de 1868, Emilia Goianes, una
joven de Fisterra de 12 años, se cuela de polizón en la goleta
Resolución que va a las selvas americanas con otras dos para la
Expedición Científica del Pacífico. Aficionada a la
Zooloxía, se esconde en el camarote de su hermano Andrés, de 22
años, zoólogo, que la descubre y acepta que vaya, pese a ser
mujer... Le corta el pelo y la presenta como su hermano. Aunque, contando a
marineros y otros pasajeros que tenían como misión estrechar las
relaciones de España con Latinoamérica, iban más de
doscientos en los tres barcos, la expedición se componía de ocho
notables científicos naturalistas. Además de un dibujante y
fotógrafo en placas de vidrio. El viaje por el continente resulta
rico en descubrimientos científicos pero también muy peligroso.
Descubren ejemplares interesantes en el archipiélago de Cabo Verde, en
donde un alacrán picó al médico; ella está a punto
de caer al mar cuando sobreviene un temporal, salvándola el
botánico cordobés y cronista de la expedición Diego
Vargas. En la selva amazónica quedan impresionados con tantos animales
curiosos, e incluso ven una fila kilométrica de hormigas de la
marabunta. Bajando hacia el sur ven ballenas y no consiguen cruzar por el
estrecho de Magalhaes al Pacífico, por lo que pasan por el Cabo de
Hornos, en donde un marinero andaluz delira con los desaparecidos, obsesionado
por la legendaria desaparición del San Telmo. Están tres meses en
Chile, pasando luego a Perú al cráter del volcán
Pichincha, en donde los atrapa la nieve durante dos días, hasta que
bajan a rescatarlos. En Guatemala muere de ictericia el catalán Ros. En
Panamá les comunican que, por la tensión diplomática entre
España y Latinoamérica, no pueden continuar en el barco, por lo
que van por el Amazonas, en donde ella le hace frente a una serpiente velenosa,
y sufren todas las penurias, teniendo incluso que empeñar los relojes
para poder continuar. Hasta que llegan a Belem. En casa del
vicécónsul Silva, que los acoge, descubre su misterio Emilia,
pues la hija, Arurora, la besa en el jardín, por lo que le confiesa que
es mujer. Por sugerencia de ella, se viste como tal para el baile de la noche
en homenaje a la expedición. En él, la besa Diego, que ya
sospechaba que no podía ser un chico desde que, al salvarla en la
tormenta, descubrió un pañuelo con sus iniciales y un trozo de
pelo, que se le habían caído. Así, con el cambio
personal que supone su primera regla, la relación con Diego y las
intensas experiencias, incluso anecdóticas -como el pingüino que
ella alimenta dándole peces o la visión del mapinguari, el
supuesto mitad vago mitad gorila que andaban buscando, y nunca se
encontró-, en diciembre de 1871 están de vuelta. Fan luego una
exposición en Madrid con los materiales de la expedición. Que
contó la voz narradora de Emilia, según le pidió Aurora,
introduciendo además reflexiones sobre el contexto histórico, el
darwinismo y el feminismo. En un Epílogo, la autora comenta que la
Expedición del Pacífico existió en realidad, aunque
cambió fechas y nombres, e introdujo el personaje de
Emilia. |