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Xusta, a sus diez
años, está preocupada porque hace días que le falta su
perro Máquina. Lo busca, faltando incluso a clases, pero no hay rastro
de él. Por eso no está alegre como siempre ni es capaz de
estudiar. Se lo regalaron de cachorro cuando ella cumplió seis
años y creció en su casa, haciendo las inevitables travesuras.
Era agudo y cariñoso. Lo malo fue que cuando lo maltrató el
travieso hijo del jefe de su padre, Xusta le arreó al niño y a
los dos días su padre fue uno de los afectados por la
reconversión de la empresa. Luego, enfermó de hepatitis y su
padre lo dejó abandonado en el monte. Apareció por fin un
día. Y fue con Xusta de vacaciones a casa de una tía, en donde se
hizo amigo de la perra, que tuvo hijos suyos. Murió atropellado por un
coche por salvar a la abuela, quien, aunque nunca le había caído
bien, no pudo retener dos emocionadas lágrimas. Por todo ello, Xusta
nunca lo olvidará. |