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X. Miranda / A. Reigosa / Xoán R. Cuba: Contos prodixiosos, I
Ilustraciones de Patricia Castelao

Col. Cabalo Buligán - Contos da Tradición Oral, 19. Eds. Xerais. Vigo, 2004

Contos prodixiosos, I

Reescritura de diez cuentos de la tradición oral, incluyendo al final de cada uno de ellos un apéndice con notas bibliográficas y tipológicas. Todos, excepto Papas, son adaptaciones de Antonio Reigosa.
O sabor dos sabores: un rey viudo con tres hijas quiso saber cuál de ellas lo quería más para que heredase el reino. Como la menor contestó que lo quería como el sabor de los sabores ordenó que fuese llevada al monte y matada. Mas el criado encargado se apiadó de ella y llevó como prueba de su muerte el corazón de una perra, y el dedo de la joven. Se buscó la vida trabajando de criada y cuidando los pavos en casa de Casimiro, ocultando su traje de princesa. Sospechando de su identidad, el hombre le ofreció casarse con su hijo y ella aceptó si invitaba al rey. Cuando éste acudió al banquete nupcial, reconoció a la hija cuando le sirvió la comida sin sal, el sabor de los sabores. Poco después, como el rey era anciano, ella y el joven heredaron el reino y fueron felices.
Os tres irmáns sabios: cuando murió un hombre, sus tres hijos no se pusieron de acuerdo sobre quien heredaría la casa. Y fueron ante el juez para que éste decidiese. Por el camino, dedujeron entre los tres como era el caballo robado a un vecino por sus huellas: cojo, tuerto y rabudo. En la cena, comiendo cabrito, dedujeron que había nacido al mismo tiempo que otro, que lo había amamantado una perra y que el juez era hijo de moro. Por fin, el juez para resolver el pleito les pidió que le trajesen la cabeza del padre muerto. Solamente el menor se negó: ése era el verdadero hijo del padre.
A moza vestida de home e a cerva: un hombre se quedó ciego y tuvo que salir por el mundo a pedir. Como tenía una hija muy hermosa, para que no tentase a los jóvenes oardenó vestirla de chico. Andando los caminos, una princesa se enamoró de ella, sin sospechar que no era hombre. Para solucionar el enredo, la joven consiguió traer la cierva del monte a palacio, siguiendo los consejos de una anciana. E incluso que hablase, diciendo tres verdades; la tercera, que las manos que la habían cazado no eran de chico. Entonces quedó al descubierto la identidad de la joven y la princesa disgustada.
Martuxiña: en aquel tiempo todos los matrimonios estaban obligados a mandar un hijo al servicio del rey; si no había hijos, tenía que ir el padre. Y resultó que un matrimonio sólo tenía hijas, siete. La mayor, Martuxiña, se ofreció a ir en lugar de su padre, vestida de hombre, con el nombre de Martuxón. En el servicio, el compañero de cuarto sospechando que era chica trató de confirmarlo levándola de compras, mas ella supo disimular bien. Pero cuando desapareció el día de licenciarse, evitando así bañarse con él en el río, el joven vio corroboradas sus sospechas. Y, siguiendo sus huellas, llegó hasta su casa, en donde se declararon amor.
Papas: había una vez dos hermanos que querían casar a sus hijos entre si. Para conocer lo formal que era su prima, el hijo se hizo el enfermo: sólo dicía "papas", por lo que su padre lo expulsó del hogar. Andando de mendigo logró reunir una pulsera, unos pendentes y un reloj de oro, que le regaló a su prima sen que ella lo reconociese, a cambio, respectivamente, de que le mostrase las piernas, después el cuerpo y, finalmente, que pasase una noche con él. Esa noche, le robó el refajo con las iniciales, que le valió para que decidiese convertirse en su mujer justamente el día en que iba a celebrar la boda con otro.
A fera domada: en una lejana tierra vivía una princesia hermosas e inteligente, pero muy soberbia. Como el padre ya era anciano tuvo que pensar en casarse. Puso como condición que el aspirante acertase una adivinanza sobre un cabello suyo de en medio de la cabeza y venciese al lobo encerrado en el jardín. Lo intentaron muchos sen éxito, hasta que un príncipe rico, de incógnito, superó las pruebas, y la llevó consigo para una casita pobre, en donde la puso a trabajar duramente. Hasta que le descubrió su verdad. Poco después, se convirtió en reina y, olvidada su soberbia, fue buena, generosa y feliz.
Tres bos consellos: un home muy pobre se marchó por el mundo a ganarse la vida, ignorante de que su mujer estaba embarazada de dos días. Pasó veinte años trabajando de sol a sol, hasta que pudo volver. El amo le dio a escoger como pago dinero o tres consejos de provecho, que él prefirió: que no deje el camino de carro por atajo, que no pregunte lo que no le importa y que antes de hacer una cousa la piense tres veces. Gracias a ellos se libró de los lobos, no lo mató el dueño de una posada y no cometió un atropello en casa al no conocer a su hijo. Además, un pan que le había dado el ama estaba lleno de monedas de oro. Por eso desde entonces fueron siempre felices en aquella casa.
O tesouro do home na forca: era un padre que tenía un hijo muy vividor. Antes de morir le pidió que sólo en caso de estar necesitado cogiese lo que le dejaba en el hórreo y en última necesidad una carta que en él estaba. Luego de vender todas las propiedades familiares, el hijo acudió al hórreo: guardaba monedas de plata, que pronto malvendió. Desesperado y en la miseria abrió la carta: que se colgase de una cuerda en el viejo molino. Así lo hizo y de una trampilla en el techo cayeron montones de moedas. Entonces aprendió, se hizo hombre sensato.
O demo na botella: la guapa hija de Petronila se casó con un joven forastero que pronto empezó a ir de juerga por las noches. La madre se percató de que era el demonio y consiguió atraparlo en una botella cuando por decirle "arrenégote, demo" se convirtió en ratón. Mas unos mozos la rompieron con piedras y salió , metiéndose en el cuerpo de una joven o en el saco de un ladrón para hacer sus gamberradas. Aunque no pudo hacer lo mismo con la criada del cura aprovechando que estornudaba, porque el ladrón nombró a Dios; en venganza, alertó al cura del robo.
A moza mataladróns:una vez se presentó el capitán de una cuadrilla de ladrones en una casa rica simulando ser pobre; de noche, cuando creía a todos dormidos, salió a avisar a los suyos para robar, mas la hija menor no se dejó engañar y le cortó los dedos que él había metido debajo de la porta para recuperar un cuchillo. Tiempo despois, el padre se la dio en casamiento creyéndolo rico. Iba a vengarse de ella metiéndola en aceite hirviendo. Pero una joven de la cuadrilla la avisó a cambio de un anillo, librándose así del castigo que recibieron los ladrones al descubrirlos.

61 p. - 17x24 cm.                                                          ISBN    84-9782-114-9



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