|
Reúne cuatro cuentos de la
tradición oral, incluyendo al final de cada uno de ellos un
apéndice con notas bibliográficas y tipológicas. "O
principe lagarto", según Xosé Miranda, cuenta de un
príncipe que, por un encantamiento, nació con cuerpo de lagarto.
Cuando la única mujer pobre que lo quiso le escondió la piel de
lagarto, perdió la memoria y se marchó del reino. Ignorante de su
pasado, se disponía a casarse de nuevo con una princesa. Pero su esposa
lo encontró y pudo dormir tres noches con él dándole a la
princesa los objetos que en el camino le había facilitado una vieja. La
noche tercera, reconoció a su mujer. Y regresó con ella.
"Aladina", en la adaptación de Xosé Miranda, es una joven hermosa
que trabaja en el palacio real y, envidiada por los otros domésticos,
sufre encomiendas imposibles. Con ayuda de un pájaro, fue capaz de
hacerlas e incluso de rescatar de un pozo el anillo del príncipe, que
desde que lo había perdido estaba desaparecido. Cuando se hizo con la
más pequeña caja guardada en la caja mágica de un terrible
mago, salió el pájaro que, desencantado, se convertió en
el príncipe heredero y se casó con Aladina. "A caixa dos
demachiños", en la versión de Antonio Reigosa, trata de una
princesa encerrada por su padre en una torre que escapa con la luz de la luna.
Pero su libertad se ve de nuevo limitada por un par de brujas avaras que la
acogen en su casa y se niegan a dejarla marchar mientras no les traiga la caja
de los demachiños. Cuando se la consigue y vuelve libre junto al rey, al
darle un beso al carnero que le había ayudado, éste se
transformó en un joven hermoso. Con el que se casó y fueron
felices. "O mozo, a meiga e o xigante", según Xoán Ramiro
Cuba, cuenta la historia de tres hermanos que salieron de casa a probar
fortuna. El mayor fue el primero en marchar a un reino en el que,
tejiéndole un manto nuevo al rey con la ayuda de una vieja,
consiguió un burro cargado de oro, con el que ella se quedó. Fue
después el segundo hermano, a quien, luego de hacerle una casaca nueva
al rey ayudado por la anciana, le ocurrió como al anterior. El menor,
que parecía el más tonto, sanó a la princesa y no quiso el
burro de oro, sino casarse con ella. Pero la vieja bruja lo retuvo en su casa.
Con astucia, metiéndole miedo a su marido, un gigante, recuperó
su libertad y los burros de oro de sus hermanos. Entonces, se pudo casar con la
princesa y fue feliz. |