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Recoge cuatro cuentos de la tradición
oral, incluyendo al final de cada uno de ellos un apéndice con notas
bibliográficas y tipológicas. "Os tres pelos do demo",
según Xosé Miranda, cuenta que el primero ministro
consiguió heredar el reino mandando por el río abajo al
bebé de la reina mientras el rey estaba en la guerra. Criado por el
molinero que lo encontró, llegó a casarse con la princesa gracias
a la ayuda de unos ladrones. Enterado el rey usurpador, quiso librarse de
él sometiéndolo a dos pruebas: tenía que traerle tres
pelos del demonio y averiguar por qué una fuente no daba agua, otra daba
vino y un manzano no tenía frutos. Salió airoso y rico de todas e
incluso se las ingenió para que el rey se quedase de barquero del barco
que lleva al Infierno. Y fue rey, como legítimamente le
correspondía. "Os amigos na vida e na morte", en la
adaptación de Antonio Reigosa, presenta a dos hombres que quisieron
festejar su amistad desde la infancia, pero sólo uno pudo invitar al
banquete antes de morir. Un caballo blanco vino de parte del muerto a buscar al
amigo para celebrar su invitación. Cuando el vivo regresó a su
casa, pasados trescientos años, se encontró con que se
había convertido en un monasterio. En él vivió hasta que
le llegó la hora de su muerte. "O afillado da morte", en la
versión de Antonio Reigosa, trata de un hombre pobre que a falta de
padrino para bautizar a su hijo, aceptó a la Muerte, que a cambio lo
convertiría en rico cuando creciese. Así fue: podía ver a
la Muerte junto a los moribundos y saber, según se pusiese en la
cabecera o a los pies de la cama, si seguirían vivos. Pero un
día, avaro, quiso burlar a la Muerte haciendo girar la cama, y
acabó muriendo él mismo en lugar del enfermo. "Os dous
xemelgos", según Xoán Ramiro Cuba, cuenta la historia de un
humilde pescador que un día consiguió un pez muy grande y gracias
a él dos hijos gemelos, dos caballos, dos perros y dos espadas. Cuando
uno de los hijos salió al mundo, luego de derrotar al dragón de
siete cabezas y casarse con una princesa, se quedó convertido en estatua
en el Castillo de vas y no vuelves. Entonces, el agua que había dejado
en casa, en una redoma, se puso de color rojo, y su hermano subo que estaba en
peligro, por lo que acudió en su rescate y comportándose de modo
diferente ante dos conejos y dos lagartas que peleaban pudo acabar con la
anciana que había hechizado al primero. Eran tan iguales que la princesa
había dormido con el segundo hermano confundiéndolo con su
marido. Pero como el gemelo había puesto en la cama una espada entre los
dos, poco duró el malentendido y todo se arregló
felizmente. |