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Cuenta Paulo, un chico de diez años, que
su padre llega del trabajo y sigue pendiente del móvil; el abuelo padece
alzhéimer y no reconoce a veces ni a su hijo y la madre dice que la van
a volver loca entre todos. El abuelo es, sin embargo, su amigo, con el que
juega en casa a que él es el Capitán de los Siete Mares y el
nieto, Simbad. Aún con las rarezas de su enfermedad, Paulo es un
referente seguro para el anciano, y este el amigo más querido por el
chico. Pero todo cambia un domingo en el que cuando despiertan el abuelo no
está en la casa. Por más que lo buscan, pasado un mes la
policía renuncia a encontrarlo. Y el padre ni siquiera sabe la historia
de Simbad el Marinero, que tantas veces le había contado el
abuelo... Entonces comienza su gran aventura, un día que le trae el
cartero una carta del Capitán de los Siete Mares dirigida a Simbad. En
ella, el abuelo, le envía una llave pequeñita y le explica que
huyó porque los filibusteros querían hundirle el barco y que
puede encontrarlo en la Taberna del Pirata. Cuando les pregunta a los padres
por la taberna, se ponen muy nerviosos y se enfadan, por lo que debe hacer el
descubrimiento él sólo. Encuentra en el cuarto del anciano,
detrás de un libro de Simbad, una caja con fotografías y cartas
del abuelo a su hermano Bernardino. También una tarjeta con la
dirección de la taberna. Gracias a ella, llega al bar de Bernardino, en
donde se ocultó el abuelo y en el que, cuando también aparecen
los padres buscando a Paulo, aclaran el problema: el anciano había huido
porque el hijo quería meterlo en una residencia y él no
podía soportar la idea de separarse del nieto, su razón de vida
desde que había nacido, poco después de haberse quedado viudo.
Sólo para él y con él el anciano es capaz de recuperar por
momentos una cierta normalidad intelectiva, deterioridada por el
alzhéimer. Finalmente, encontraron la mejor solución para
todos: un Centro de Día soluciona la problemática de la
atención familiar y cuando llega la noche el capitán vuelve junto
a su Simbad. |