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Recuerda Roi que siendo niño todavía empezó a
trabajar en la Pousada do Corvo. Había nacido cerca del cabo
Vilán. Su padre estaba embarcado por América al servicio de la
Corona. A su regreso, en el poco tiempo que le quedaba de vida, le contó
hermosas historias del mar que hicieron crecer en él la fiebre de la
navegación. Cuando tenía quince años, conoció
la ferocidad del terrible y sanguinario pirata Arripai, conocido también
como Demo Negro, el último de los grandes bucaneros del Caribe, que
arrasó los puertos de la Costa da Morte, violó a las mujeres y
raptó a Mariña, la inseparable amiga de Roi. Trabajando luego en
un almacén para barcos, escuchó tantas historias sobre el poder
del pirata que soñaba con embarcar y enfrentarse a él. Tres
años después, con la arribada a puerto del capitán
Araña, que le tenía la muerte jurada a Arripai, se realizó
su sueño. Enrolado en la goleta Aurora, fue un miembro más de la
tripulación del mítico capitán con patente de corso por
licencia real. Era el tiempo del próspero comercio con las Indias,
trayendo frutos de las colonias del Imperio del soberano Carlos, tan apreciados
en Europa. Cuando llegaron a Veracruz, en donde tiña su base el
capitán, salieron a la búsqueda de Arripai. Lo localizaron y
persiguieron su barco Intrépido, que encalló en los
peñascos costeros y, atrapado en las rocas a merced de los
cañones del Aurora, se partió en dos. Pero un terrible viento y
montañas de olas provocaron también el naufragio de la goleta del
capitán Araña. Sólo se salvaron Uktena -indio, uno de los
últimos miembros de una tribu perdida-, Pinto -el perro del
capitán Araña- y él, gracias a una tabla y a la
experiencia de aquel. Entonces pudieron pasar a Tampa, en la Florida, tierra
católica y española. Según informa el autor al final
del libro, el barco, la tripulación y el propio capitán
Araña existieron realmente, aunque la historia es
ficción. |