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Buguina es una concha de nácar afundida en
la playa de la isla del Olvido, un pedazo de tierra perdido en la inmensidad
del océano Ausente. Semienterrada en la arena, ansiaba aflorar a la
superficie. Un día un navío naufragó, como tantos otros
que, engañados por la apariencia tranquila de las aguas y la belleza de
los arrecifes de coral de la isla, desconocían el poder de
succión del remolino que la envolvía. Y de pronto ella
sintió a su lado un náufrago, quien, sin comer ni evacuar sus
humores corporales ni durmir, seguía sentado, inerte. Además,
perdida la memoria, se convirtió en Nada sin recuerdos en la Isla del
Olvido: ignoraba que se sentía infeliz y tampoco sentía el sabor
de las lágrimas que le salían. Pasaban los días y el
náufrago era una estatua sin condición humana, perdidas la
memoria, la mobilidad y la sensibilidad. Aunque sus órganos vitales
seguían funcionando, no sentía: era Nada Olividada en la
Ausencia. Mientras, la Buguina sentía emociones e incluso tuvo una
pesadilla de un barco con seres monstruosos. Hasta que se sorprendió
toda fuera de la arena, libre. Se deslizó acercándose a Nada, se
atrevió a rozarle, y él comenzó a sentir circular la
sangre, a recuperar las sensaciones en los pies enterrados y a recordar su
niñez con espanto. Mas las piernas se le hundían en la arena y
Buguina sola no lo podía rescatar de su imparable viaxe. Un
pájaro intentó picotearle un ojo, pero la coraza metálica
lo protegía y el ave se cayó y fue engullido por el mar. Los
microorganismos atacaban su piel enterrada, pero tembló y huyeron. Con
más de medio corpo enterrado, recuperada la sensibilidad en los pies, no
era capaz de moverse. Ella sintió amor por él y la impotencia de
no poder impedir que se siguiese enterrando. Se levantó el tornado
de Augavento cuando se acercaba un navío. Buguina luchaba por quitarle
la arena a Nada y acercándose a su boca conseguir que saliese aire de
ella para transformarlo en llamada de auxilio al barco. Los dos empezaron una
lucha desesperada por la vida. El náufrago intentando mantener la cabeza
erguida, presintiendo que alguien lo acompañaba en su batalla. El barco
pugnaba con el viento sin conseguir aproximarse a la isla. Cien días y
cien noches duró la pugna entre el océano Ausente, con la
complicidad del tornado de arena, y el navío procedente del otro lado de
la curva del horizonte, los mismos que Buguina y Nada se mantuvieron
inmóviles, cosidos por los labios, él con solamente la cabeza por
encima de la superficie. Entonces recuperó la memoria: se
había subido a un crucero para olvidar un desamor, pero en un momento
dado el pánico se había apoderado de la tripulación al
llegar a las islas de coral en las que la lenda habla de un mar sanguinario, de
la alianza de Poseidón con el tornado Augavento para impedir que
ningún barco se acerque a su nido de amor en la Isla del Olvido.
Buscó en su abdomen el aire envasado durante tantas jornadas de
inmobilidad, lo envió a la boca rompiendo la coraza en dos mitades. Y
Buguina, convertida en un cuerno, recibió el soplo y un sonido de mar
rebotó por toda la isla, transformando el tornado en una brisa,
durmiendo al dios Poseidón. El náufrago se levantó,
pisó la caracola con el pie sin percatarse, enterrándola en la
arena y empezó a nadar hacia el barco. Entonces el marinero
Titán, el que había desafiado a Poseidón, le gritó
que no olvidara su talismán y regresó por la caracola. Luego,
nadó hacia el navío "coa ilusión dun amor de estrea",
curadas ya las cicatrices de su desamor. |