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An Alfaya: Buguina namorada
Ilustraciones de Chus Ferrín
Col. A letra durminte. Eds. Xerais. Vigo, 2003

Buguina

Buguina es una concha de nácar afundida en la playa de la isla del Olvido, un pedazo de tierra perdido en la inmensidad del océano Ausente. Semienterrada en la arena, ansiaba aflorar a la superficie. Un día un navío naufragó, como tantos otros que, engañados por la apariencia tranquila de las aguas y la belleza de los arrecifes de coral de la isla, desconocían el poder de succión del remolino que la envolvía. Y de pronto ella sintió a su lado un náufrago, quien, sin comer ni evacuar sus humores corporales ni durmir, seguía sentado, inerte. Además, perdida la memoria, se convirtió en Nada sin recuerdos en la Isla del Olvido: ignoraba que se sentía infeliz y tampoco sentía el sabor de las lágrimas que le salían.
Pasaban los días y el náufrago era una estatua sin condición humana, perdidas la memoria, la mobilidad y la sensibilidad. Aunque sus órganos vitales seguían funcionando, no sentía: era Nada Olividada en la Ausencia. Mientras, la Buguina sentía emociones e incluso tuvo una pesadilla de un barco con seres monstruosos. Hasta que se sorprendió toda fuera de la arena, libre. Se deslizó acercándose a Nada, se atrevió a rozarle, y él comenzó a sentir circular la sangre, a recuperar las sensaciones en los pies enterrados y a recordar su niñez con espanto. Mas las piernas se le hundían en la arena y Buguina sola no lo podía rescatar de su imparable viaxe. Un pájaro intentó picotearle un ojo, pero la coraza metálica lo protegía y el ave se cayó y fue engullido por el mar. Los microorganismos atacaban su piel enterrada, pero tembló y huyeron. Con más de medio corpo enterrado, recuperada la sensibilidad en los pies, no era capaz de moverse. Ella sintió amor por él y la impotencia de no poder impedir que se siguiese enterrando.
Se levantó el tornado de Augavento cuando se acercaba un navío. Buguina luchaba por quitarle la arena a Nada y acercándose a su boca conseguir que saliese aire de ella para transformarlo en llamada de auxilio al barco. Los dos empezaron una lucha desesperada por la vida. El náufrago intentando mantener la cabeza erguida, presintiendo que alguien lo acompañaba en su batalla. El barco pugnaba con el viento sin conseguir aproximarse a la isla. Cien días y cien noches duró la pugna entre el océano Ausente, con la complicidad del tornado de arena, y el navío procedente del otro lado de la curva del horizonte, los mismos que Buguina y Nada se mantuvieron inmóviles, cosidos por los labios, él con solamente la cabeza por encima de la superficie.
Entonces recuperó la memoria: se había subido a un crucero para olvidar un desamor, pero en un momento dado el pánico se había apoderado de la tripulación al llegar a las islas de coral en las que la lenda habla de un mar sanguinario, de la alianza de Poseidón con el tornado Augavento para impedir que ningún barco se acerque a su nido de amor en la Isla del Olvido. Buscó en su abdomen el aire envasado durante tantas jornadas de inmobilidad, lo envió a la boca rompiendo la coraza en dos mitades. Y Buguina, convertida en un cuerno, recibió el soplo y un sonido de mar rebotó por toda la isla, transformando el tornado en una brisa, durmiendo al dios Poseidón. El náufrago se levantó, pisó la caracola con el pie sin percatarse, enterrándola en la arena y empezó a nadar hacia el barco. Entonces el marinero Titán, el que había desafiado a Poseidón, le gritó que no olvidara su talismán y regresó por la caracola. Luego, nadó hacia el navío "coa ilusión dun amor de estrea", curadas ya las cicatrices de su desamor.

103 p. - 12x23 cm.                                                                ISBN    84-9782-059-2



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