 Con
su maestría narrativa habitual que nos interesa hasta la última palabra,
Agustín desde la ternura y el sentimiento nos guía en una aventura que es sobre todo
interior.
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Noche de voraces sombras Agustín
Fernández Paz Traducción Rafael Chacón Madrid:
Ediciones SM, 2003
Nit dombres voraces Traducción Josep
Franco Alzira: Edicions Bromera, 2003
Noite de voraces sombras Vigo: Xerais,
2002
Con Noche de voraces sombras (Ediciones SM, Edicions
Bromera) Agustín Fernández Paz (http://www.filix.org/ranholas/agustin.html) elige como protagonista a una
familia que podría ser cualquiera de las nuestras. De hecho, el inicio de su novela coincide
con el de otras muchas novelas juveniles: Sara es otra más de las adolescentes que un verano
vuelve a la casa de la abuela con la sensación de aburrimiento. De hecho, el autor elige la
forma del diario para narrar su experiencia y ya en la segunda página hace un guiño
al lector para que no se deje llevar por las apariencias: Si este cuaderno fuera el
típico diario adolescente, como los que he leído a menudo en las novelas juveniles,
tendría que contar ahora, las horas intensas que viví con Daniel.
Pero como la misma protagonista nos dice: esto no es lo de siempre.
Porque la visita que hace Sara es al pasado, el amor es un amor inacabado y la aventura tiene que
ver con la memoria y la necesidad de hacer justicia o, mejor dicho, de descansar en paz.
Unas cartas, unas fotos, unas notas cambian la perspectiva del
verano y enseñan que nada es lo que parece. De hecho, esta visita a lo inesperado ayudan a
recuperar del silencio la historia de su tío: un maestro que vivió el amor por un
sueño y por una mujer. La recuperación de la memoria y el deseo de hacer un poco
justicia conseguirán que Sara y su madre establezcan un diálogo sólido como
nunca había habido entre estas dos mujeres: juntas recuperan el pasado de la familia, de una
parte del pueblo silenciado y de una generación que fue condenada a un destino peor que la
prisión, el exilio o la distancia: al olvido y a la muerte en el recuerdo de las nuevas
generaciones. Sara y su madre aprenden a hablar entre ellas, a comunicarse, a respetarse como
adultas e iguales, a reconocer errores y a pensar, reír y sentir juntas.
Porque ésta es una novela de sentimientos: de aquellos que se
intentaron silenciar y de aquellos que están muy presentes pero que a veces parecen
más ajenos y ausentes que los anteriores.
El tío emerge desde el silencio absoluto y con él se
recuerda la ausencia de una generación que padeció la muerte, la prisión, el
exilio y la persecución en la dura posguerra. El silencio ha roto la herencia de la familia,
su historia. Y los jóvenes de ahora o bien no pueden recuperar la memoria o bien la
falsifican desde la ausencia de toda una generación que luchó por un mundo mejor y
perdió. Pero en estas familias que los han silenciado han perdido doblemente, porque los
hijos, nietos o sobrinos los han negado al no permitir que los adolescentes de hoy conozcan
qué pasó en aquellos tiempos y qué perdimos.
Con su maestría narrativa habitual que nos interesa hasta la
última palabra, Agustín desde la ternura y el sentimiento nos guía en una
aventura que es sobre todo interior. |