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Xabier Docampo Alzira: Algar
Editorial, 2005
INVENTAR NUEVOS CAMINOS
Las relaciones entre realidad y ficción son muy complicadas
de analizar. Y ello, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre ellas. Y ya no digamos indagar en
el principio de causalidad que se establece entre ambas. En algunos escritores, no se sabe bien
qué es lo más determinante en sus relatos, si su fantasía o un buen cargamento
de anécdotas oídas aquí y allá. Xabier P. Docampo es un escritor que
goza de ambas cualidades. Le sobra imaginación, y se sabe el Espasa de los cuentos orales de
su tierra gallega y el Calpe de los que se cuentan en el mundo.
Y luego está, sobre todo, la oralidad. Ella atraviesa de
tal modo este relato, que, si se lee en voz alta y se cierran los ojos, el receptor sentirá
que se encuentra delante de un fogón de antaño. La prosa del autor, hecha de frase
larga y cadenciosa, entra por las orejas como un susurro. Muchas de sus oraciones son subordinadas
y coordinadas, permitiendo por lo mismo alargar o acortar su sonoridad en el punto que uno estime
más oportuno. Lo mismo sucede con las ilustraciones de Cobas,que son alargadas hasta el
infinito en un intento, imagino, de prolongar de forma divergente los caminos de la vida y del
relato. Lógico que esto sea así. Al fin y al cabo, el cuento habla de esto, de vivir
la realidad mediante decisiones que tomamos una detrás de otras y que, finalmente, conforman
nuestra vida. Una vida que transita mayormente por caminos rutinarios, uniformes y
homogéneos.
Valerio, el protagonista de este cuento, decide un día que
ya está bien de tanta normalidad absurda, de repetir una y otra vez los mismos hechos, las
mismas frases, que el día, el mes y el año anterior. Valerio, que bien podemos
caracterizar como un cronopio cortazariano, es decir, un hombre libre y rebelde sin estridencias,
decide dejarse guiar por una sucesión concatenada de situaciones nuevas, inventadas, y en
las que el autor inyecta su proverbial retranca y cierta dulzura nada contenida.
En un mundo en el que el noventa y nueve por ciento de las cosas
que hacemos nos las han programado en un despacho, seguir las sencillas aventuras de Valerio
produce, cuando menos, cierto estupor. Porque Valerio, saltándose a la torera el principio
de causalidad del consumo existencial normalizado, demuestra que, al hacerlo, no sucede nada; al
contrario: vive mejor que nunca.
El cuento, que está destinado para niños, apuesta
por la afirmación de individualidades divergentes, capaces de experimentar alargamientos de
la realidad inusuales. De ahí, que vivan al margen y, para mayor recochineo del poder, sean
felices sin poseer nada material. Valerio hace cosas improbables y absurdas, pero no hace
daño a nadie. Sólo producen bien, a él, y, en ocasiones, a los demás,
los cuales hasta le regalan trajes de mandamás para que siga haciendo lo que
quiere: vivir a su manera.
No sé si se trata de una defensa de la dorada mediocridad
de los clásicos. Pero Valerio no es un tipo mediocre. En todo caso, sería un mediocre
anarquista, si es que tal simbiosis fuera posible. Si lo es, diría entonces que Valerio es
un hombre que aspira a la rara perfección de vivir sin tener más que lo que necesita.
Es decir, como cualquiera de nosotros, si decidiéramos dejarnos guiar por otros principios
de causalidad menos productivistas y más imaginativos, y transitar otros caminos de la vida,
algo más originales y menos hollados por el consumo
La decisión está en
tus manos. Escrito por Víctor Moreno |