Miguelanxo Prado
Miguelanxo

Nacido en A Coruña en 1958, descubrió el mundo de la historieta siendo alumno de la Escuela de Arquitectura. Así, en 1979, con Xan López Domínguez y Fran Jaraba, intenta crear una revista gallega de cómic, Xofre, de la que únicamente aparecerá el primer número. Colabora luego con distintos estudios de arquitectura, pero en 1982 emprende la aventura del cómic instalándose en Barcelona, la capital peninsular de las revistas del género.

Allí publica sus primeras historietas cortas en el fanzine Zero y en la revista Cómix Internacional y entre el 82 y el 84 aparecen en 1984 doce historias que un año después reúne en su primer álbum Fragmentos de la Enciclopedia Délfica. Comenzó así una dilatada obra centrada en el cómic, que primero conoce la luz por capítulos en las revistas del género y luego reúne en álbums (Stratos -1987, Quotidiana delirante I -1988, Manuel Montano. El manantial de la noche -1989, Crónicas incongruentes -1990, Quotidiana delirante II -1990, Páxinas crepusculares (historias inducidas) -1993, Trazo de tiza -1993, Tangencias -1996, Quotidiana delirante III -1996).

Reconocido internacionalmente y premiado en diferentes salones especializados (Porto, Xenebra, Treviso, Barcelona, Angouleme, etc.) su trabajo abarca los diferentes campos del grafismo y la ilustración, desde la pintura y el diseño gráfico hasta colaboraciones para televisión (Xabarín Club) o prensa (en la edición dominical de La Voz de Galicia, en las revistas Luzes de Galiza, Galicia Internacional y la más reciente Tempos...).

Esta variedad de registros también se presenta en el caso de la ilustración de textos literarios de otros autores. Miguelanxo continúa la historia narrativa aportando su perspectiva plástica en La ley del amor (1995) de Laura Esquivel, o pone imágenes a un texto clásico, como en Pedro e o lobo (1993), cuento popular del ruso Sergei Prokofiev adaptado literariamente por Miguel-Anxo Murado.

En el campo del libro infantil y juvenil diseña portadas (Cando o mar foi polo río, de Manuel María, O centro do labirinto, de Agustín Fernández Paz...) o lee gráficamente la historia (Bala perdida de Manuel Rivas).

Desde su rincón de Lubre, trabaja y proyecta su obra con todos los matices de la más esencial universalidad.