A cociña de... es
una nueva sección de Eidos do libro en la que intentaremos dar a
conocer de algún modo las costumbres y manías de los autores,
editores, ilustradores... Si escriben o dibujan en zapatillas, como se les
ocurren las ideas, en que se inspiran, si usan lejía para corregir los
originales o nunca corrigen, cuantos libros tienen que leer antes de decidirse
a editar uno... En definitiva, todo aquello que se podría comentar
tranquilamente en una charla en la cocina tomando un café o unas lonchas
de jamón y queso con vino del país.
E inauguramos la sección nada menos que de la mano de Agustín
Fernández Paz, escritor, profesor de Lingua Galega en secundaria y
uno de los actuales directores de la Colección Merlín de
literatura infantil y juvenil de la editorial Xerais.
El escritor vilalbés es conocido sobre todo por su faceta literaria,
aunque tiene una obra importante repartida por periódicos y revistas de
pedagogía y educación. Miembro fundador de los colectivos Avantar
y Nova Escola Galega, la mayor parte de sus trabajos giran en torno a temas
como la normalización lingüística en la enseñanza, la
didáctica de la lengua o la introducción de los medios de
comunicación en las aulas.
Recibió numerosos galardones por su obra, tanto de ficción como
de ensayo, entre ellos el Merlín (1989), el Lazarillo (1990) y Lista de
Honor del IBBY para el bienio 19990-2, el Premio Ourense de Banda
Deseñada (1992), el Rañolas (1995), y el más reciente, el
Premio Raíña Lupa 1998, convocado por la Deputación da
Coruña.
Autor de infinidad de títulos, algunos de ellos traducidos a varios
idiomas, este otoño saldrán las versiones en portugués de
Cartas de inverno y Rapazas, O laboratorio do doutor
Nogueira y la obra Cos pés no aire, ganadora del
Raíña Lupa.
¿Cómo se te ocurren las ideas para las novelas?
En mi caso, no es nada original. Las ideas me vienen de una manera natural,
como puede venir la lluvia, poco a poco, sin que tenga que hacer un esfuerzo
especial por buscarlas. Es cierto que, a veces, excavo deliberadamente en una
veta en la que sé que puedo encontrar buenos materiales (como los
anuncios por palabras de los periódicos, que están en el origen
de libros como Contos por palabras o Amor dos quince anos,
Marylin), pero no es lo habitual. Luego, cuando reflexionas sobre esas
ideas, descubres que su raíz siempre está en alguna vivencia
(lecturas incluidas) o en alguna cuestión que te interesa especialmente
(el futuro de la lengua, en O centro do labirinto; la
reivindicación coeducativa en Rapazas). Con todo, una vez
decidida la historia, mi preocupación principal está en las
estrategias narrativas que debo utilizar para contarla. Eso sí que casi
siempre me obliga a un proceso de reflexión e incluso a ensayar
diferentes caminos, buscando el que puede ser más adecuado.
¿Cuántas horas trabajas al día?
El primer borrador de mis libros, muy esquemático e incompleto, lo
escribo siempre a mano, en tiempo de vacaciones, porque para sentirme a gusto
en ese proceso de creación necesito tener la cabeza libre de otros
menesteres. Esos días puedo escribir dos o tres horas diarias, aunque no
tengo una regla fija. Después, el proceso de darle forma a ese borrador,
que es la parte larga y dificultosa del trabajo, me ocupa varios meses; en ese
tiempo voy trabajando poco a poco, en función del tiempo libre de que
disponga.
¿Qué necesitas para trabajar?
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¿Tienes alguna manía?
Cuando estoy escribiendo el primer borrador necesito tranquilidad y silencio,
que también vienen bien para las fases posteriores, pero ya no son
imprescindibles. En cuanto a las manías, por ejemplo, necesito escribir
mis borradores en cuadernos de papel satinado (si es de color amarillo, mejor),
para que la mano y el rotulador se muevan sin dificultad.
¿Qué tal te llevas con el ordenador?
De maravilla. Sería complicadísimo trabajar sin él (y no
olvido los tiempos en que utilizábamos la máquina de escribir).
La facilidad para corregir y manipular los textos todo cuanto quieras es algo
impagable, además de otras ventajas menores.
Cuando has escrito una obra, ¿a quién se la das a leer?
Casi siempre se la doy a una buena amiga mía, muy crítica con
todo lo que hago. Esa crítica sincera, aunque me pueda molestar en un
primer momento, me resulta muy beneficiosa porque me ayuda a corregir defectos
que yo, como autor, había pasado por alto. Además, suelo dejar
que el libro repose unos meses para poder luego corregirlo con esa nueva mirada
que solamente proporciona el paso del tiempo.
¿Qué libro te gustaría escribir?
Me gstaría escribir un libro que provocase en los lectores alguna
emoción semejante a la que provocaron en mí algunas obras
inolvidables (y pienso, ciñéndome deliberadamente sólo al
terreno de la literatura infantil-juvenil, en títulos como Ben quere
a Ana (Peter Härtling), Rebeldes (Susan Hinton),
Pequenos vagabundos (Gianni Rodari) o Cando Hitler roubou o
coello rosa (Judith Kerr).
¿Cuál es tu libro de cabecera? No tengo exactamente libros
de cabecera, pero sí autores a los que me gusta volver una y otra vez.
Casi siempre son nombres que fueron muy importantes en algún momento de
mi vida como lector: Kafka, Valente, Méndez
Ferrín, Hammett, Lovecraft, Stevenson,
Cortázar... De los más actuales me gusta Paul
Auster y algunos de los narradores gallegos de hoy. Y luego está el
cómic, una lectura imprescindible desde hace muchos años
(Miguelanxo Prado, Enki Bilal, Hugo Pratt...).
Para ser escritor, ¿hay que ser un buen lector?
Es una condición esencial, porque leer y escribir son como dos caras de
una misma moneda. Hay que leer, empaparse de historias, y también darles
la vuelta y descubrirles las costuras. Aunque existe un buen conjunto de obras
imprescindibles, también es bueno dejarse llevar por los propios gustos
y no tener reparos en leer de todo.
¿Qué les recomiendas a los que quieren ser escritores?
Cada vida tiene mucho de aventura personal y única, pero, ya puestos,
creo que se necesitan altas dosis de trabajo y constancia, porque escribir
lleva tiempo, exige esfuerzo y paciencia para trabajar el texto hasta conseguir
algo que te deje satisfecho.
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