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Después de leer un libro de cuentos en el
que un hada le da a la niña protagonista un ovillo de hilo de oro que le
permitirá encontrarse de nuevo con esta cando la necesite, Zita
lloró conmovida. Se durmió soñando con el cuento y al
despertar sintió la ilusión de tener un hada madrina que fuese su
amiga o protectora, como las de los libros. Para cumplir su sueño,
acudió a un Facedor de Contos, quien la escuchó muy interesado,
ya que estaba escribiendo la historia de una niña que, como
quería tener un hada amiga, vendría a visitarlo. Como
había hecho Zita. Ella se mostró dispuesta a colaborar,
describiéndosela tal y como la imaginaba. Esa noche, cada uno en su
casa, despertaron los dos en el mismo momento y la vieron. Al día
siguiente, seleccionaron las palabras que él escribiría en el
cuaderno negro de lunares rojos a modo de conjuro para que el hada apareciese:
luz, estrella, alegría, ... Para que les ayudase a convocarla, visitaron
a Noventa, el Facedor de Estampas que convierte las palabras en ilustraciones,
quien, esa noche, despertó con la visión del hada. Cuando
volveron junto a él Zita y el Facedor de Contos, vieron todo el cuento
dibujado. Solamente le faltaba el final, que tendría que poner Zita.
Esa misma noche pudo ver el hada, tal y como la había dibujado el
Facedor de Estampas. Y sintió en el corazón sus palabras:
será su amiga secreta, que aparecerá cuando la necesite o desee
intensamente. Luego, se desvaneció en un hilo de luz, que formó
un ovillo que se posó en las manos de Zita. Lo guardó en su
cajita de los tesoros y adormeció de nuevo. |