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| 1997: O
Habanero (O Habanero /
Marmelada de amoras) |
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O "Habanero" regresó de la
emigración viejo, enfermo y con un poco dinero que le roban
misteriosamente antes de llegar a la aldea natal. Había ganado mucho con
un gallo de pelea. Y ahora, sin rencor, vive con el recuerdo de su más
leal amigo, el gallo. Es un héroe humilde y cotidiano que solamente le
podía abrir las puertas de su historia a este narrador modélico
con la sabiduría de la oralidad. |
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| 1999: O neno que
perdeu a súa avoa (Imos xuntos
camiñar) |
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Se cuenta cómo, después de la
desaparición de la abuela de Gregorio, se conoce el misterio de los de
la casa de Ardao, que guardaban ancianos en una nevera para, cuando estaban
aburridos, descongelarlos y tener conversación. |
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| 2001: Do que lle
aconteceu a Silvano a consecuencia de caer dunha cerdeira (Historias para calquera
lugar) |
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Un niño travieso cayó de un cerezo
y empezó a deshablar, a decir las palabras al revés. Los
médicos del hospital no dan con el remedio, pero sí la abuela:
unas buenas bofetadas corrigen parcialmente el defecto y le otorgan la facultad
de desencadenar la realización de sus deseos. Un día jugando al
fútbol envió la pelota al tejado de su casa, se concentró
en subir por ella pero no fue capaz de dosificar mentalmente el descenso sin
arriesgarse a llevar un buen golpe. El agotamiento pudo con él y, medio
dormido, cayó encima de su padre. Desde entonces habla perfectamente y
no tiene poderes mentales. Pero el padre habla al revés. Tendrá
que aplicar nuevamente su remedio la abuela, pues, muerta como otras veces,
regresará cuando la entierren sin su dentadura. |
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| 2003: Visita
Nocturna (Contos do
museo) |
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Inés tiene que hacer un trabajo escolar
sobre el museo y, al saber por el padre de una amiga que de noche hay un
aparecido, se esconde en un cajón de la sala de exposiciones de
minimalistas lugueses y espera hasta las 12 para salir. Entonces, junto a la
imagen de San Francisco de Asorey, encuentra a un fraile (un alma en pena que
levita unos centímetros) pidiéndole al santo que lo saque de
allí, en donde está encerrado desde hace centenares de
años. Se trataba de un miembro de la primera comunidad del antiguo
convento que ocupaba una parte del actual museo. Habían sido todos
condenados a morir como castigo por un pecado vergonzoso. Solamente
tenían una salida posible, y para recordarla la pintaron en su espalda,
de ahí que él no la pudiese ver, ya que no se podía ver a
sí mismo en el espejo. Inés se la explicó: era por el
pozo, que desembocaba en el Miño. Liberado el fraile, ella
saladrá de día, cuando abran, entre la gente. El texto resulta
ser el trabajo escolar de Inés. |
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