xabier
     
 
1986
O misterio das badaladas
·
Cun ollo aberto e outro sen cerrar


1988
A chave das noces


1989
O armario novo de Rubén


1990
A nena de auga e o príncipe de lume


1991
A casa do porco bravo
Roxelio e a couza



1993
O país durminte


1994
Cando petan na porta pola noite


1996
Adelaida, Henrique e demais familia


1997
O habanero
·
O pazo baleiro


1998
Breogán
·
¡Estampado!
·
O home que inventou unha maneira de andar


1999
A viaxe de Purpurina ou a historia dunha pinga de auga


2000
Catro cartas
·
Nube de neve


2001
Os ollos de Ramón
·
Un conto de tres noites
·
¿Víchela, víchela?


2002
A casa da luz


2004
Bolboretas


2005
A decisión de Valerio
·
De cores e amores

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Varios

   
Xabier P. Docampo: Os ollos de Ramón
Ilustraciones de Xosé Cobas

Col. Montaña Encantada. Serie Verde. Ed. Everest Galicia. León, 2001

Os ollos de Ramón

Ramón, mientras la maestra doña Felicitas explica, está en las musarañas mirando para el muñeco de madera articulado que tienen en el aula. De pronto, descubre con asombro que la maestra había adoptado la forma del muñeco. Bien pensado, ser bizco, que cada ojo mire para su lado, no deja de tener sus ventajas: de regreso a casa, fusiona dos coches en uno con dos volantes y dos conductores, mezclando las imágenes con la vista y ya en casa une el gato con un jarrón de barro. Pero a nadie parece importarle: incluso el médico anunció que a la profe pronto le pasaría; de hecho, es un trozo de madera sin cara impartiendo clases con aparente normalidad.
Pero lo mejor de este su nuevo poder fue cuando se rio de él en la escuela el abusón de Vicente: con rabia, lo fusionó con la segunda palabra del título del libro "O burro máis listo do mundo" y le salieron dos orejazas y un rabo. O en la calle, cuando unos individuos con botazas y cabezas rapadas acorralaban a un muchacho con piel algo más oscura vendedor de alfombras: le oscureció la piel y le puso los llamativos colores de la alfombra a uno de los mastodontes, por lo que los otros empezaron a perseguirlo.
Esa tarde fue al oculista: para corregir el defecto de los ojos tenía que tapar con un parche uno de ellos. Le amargaba perder el don que acababa de descubrir. Por otro lado, las transformaciones no eran irreversibles: aunque Vicente seguía con rabo y orejas, doña Felicitas había recuperado su forma original.
Aunque, pensándolo bien, siempre le quedaría la posibilidad de provocar una nueva fusión: despegando el parche un momento y pegándolo de nuevo sin que su madre se enterase.


       
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