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Aquella noche de febrero cayó una gran
nevada y cuando Oria despertó todo estaba blanco y hermoso. La maestra
le explicó que la nieve se forma cuando las nubes se enfrían
mucho, como con el frío del congelador. Entonces ella fue al monte,
agarró una nube y la trajo en la mochila. La guardó en el
sótano, dentro del congelador. En mayo, quiso volver a ver la nieve,
por lo que metió la nube en una caja. Los árboles en flor le
pidieron que no la liberase, pues su nieve les estroperaría sus froitos;
tampoco la querían el labrador ni la dueña del bar con terraza de
verano. Al enterarse, su padre le mandó devolvérsela al cielo.
Pero ya era tarde: el gato, que siempre andaba con paraguas porque le
tenía terror al agua, le abrió a la nube, que llenó toda
la casa de nieve. A duras penas pudieron quitarla de la casa. Cuando Oria
despertó, afuera había un enorme muñeco de nieve, con dos
neumáticos por ojos y el gato encima. |