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Damián es muy travieso. Aunque non hace grandes maldades,
no hay travesura que se le ocurra a un niño que no se le haya ocurrido
ya a él. Tiene a su madre y al maestro desesperados. Un día
se metió con Álvaro llamándole gordo, que ciertamente lo
era, pero también fuerte. Con sólo levantar la mano derecha,
Damián quedó estampado en la pared como un cartel. Nadie lo daba
despegado. Tampoco un profesional de pegar publicidad en las paredes, quien
dictaminó que o esperaban a que al cabo de los días cayese
sólo o para despegarlo tendrían que usar saliva. Le escupieron
todos los compañeros del colegio a los que había agraviado, y
quedó libre. |