
Col. Merlín
Eds. Xerais. Vigo, 1994
Col. Fóra de Xogo, 46
Eds. Xerais. Vigo, 2000

Biblioteca Galega 120, 90
Ed. La Voz de Galicia
A Coruña, 2002 |
Luego de una reflexión inicial del autor
sobre el gusto por la narración oral, que incluye el reconocimiento a su
padre como gran contador de historias, se reúnen cuatro historias de
miedo con el deseo de que el lector sea también dueño de su
propio miedo y las haga suyas, para contarlas también, a modo de
transmisor oral, continuando el hilo de la literatura tradicional popular.
O espello do viaxeiro: Un hombre regresa a la casa familiar
desupés de 7 años, para hacerse cargo de la herencia de sus
padres muertos. Perdido en la noche, llega a una herrería, en donde
solamente está el dueño, que es físicamente igual a
él salvo que no tiene el párpado del ojo izquierdo. Beben, acaban
peleando y el herrero lo hiere en un ojo: ya son iguales. Lo mata el viajero y
al día siguiente regresan la mujer y el hijo, que lo toman por el
herrero auténtico. Es su condena: ocupar el lugar del muerto.
O fornadas: Tres víctimas de una vieja muy mala decidieron darle
un escarmiento y acabaron matándola a golpes. Cuando fueron a quemar su
cuerpo en un horno abandonado, en un momento dado se incorporó,
anunciando que se vengaría del que le había golpeado con el palo
en la frente, el Teixo. Huyeron asustados. Prendieron y condenaron a Teixo, a
quien la gente empezó a conocer como Fornadas. Al salir de la
cárcel se tornó solitario y muy raro. Un día le
contó al narrador que se le aparecía la vieja e incluso le
introducía la mano dentro del estómago, la sacaba ensangrentada y
comía algo, diciéndole que lo esperaba en el infierno. Aunque por
fuera no tenía marca alguna. Cuando apareció muerto, según
el médico estaba vacío por dentro.
A loba: Silvestre llevó a su novia a A Coruña para
deshacer el hijo que él la había ayudado a hacer. Y luego se
casó con otra. El día de su boda, la primera novia
apareció para decirle que le debía un hijo. A
continuación, se ahorcó, convirtiéndose en la jefa de una
manada de lobos terribles, que los hombres no conseguían matar. Un
día, con motivo de una batida, le robó el hijo de Silvestre a su
mujer. Este encontró a la loba en un pajar y, sin saber que tenía
el bebé con ella, le prendió fuego. Mas cuando supo que estaba
dentro su hijo, entró él también, muriendo los tres
quemados.
O cumpremortes: A un hombre solo le llegó un día una carta
de "felicitación", pues ese día moriría.
Buscando evitar que se cumpliese su muerte, se escapó para la ciudad,
sin dejar rastro, pero le seguían llegando cada año sendas cartas
(cada vez más breves). Vivía pendiente de lo que sería su
último día de su último año según las cartas
y no paraba en posada ni sitio alguno para no ser localizado. Hasta que uno de
los días de su "cumpremortes", pasadas las doce de la noche se
le acercó la muller "da gadaña", que le dijo que se
librara de ella por atreverse a no resignarse al destino que le estaba escrito
y ser capaz de cambiar de vida... Aunque ahora que no se cumplió lo
anunciado no sabe qué hacer de su vivir.
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