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Xabier P. Docampo: Adelaida, Henrique e demais familia
Ilustraciones de Xosé Cobas

Editorial Galaxia. Col. Árbore, 87. Vigo, 1996

Adelaida...

En unas consideraciones previas, el narrador le advierte al lector que Adelaida existe: Adelaida eres tú. Sus historias y las del primo Henrique son tuyas. Donde veas la cara de ellos pon la tuya, "¡porque este libro trata de ti".
Adelaida es tremenda, porque lo que no se le ocurre a ella no se le ocurre a nadie. Es una niña espabilada que siempre está corriendo. Lo que más le gusta es dibujar, por eso se puso muy contenta cuando encontró una caja con doce lápices de colores que había sido del abuelo. Era una caja mágica pues pintaba en una fotografía o postal y lo que había pintado se tornaba real. Así: le pintó bigote a la directora del colegio cuando la castigó por correr por el pasillo y a la mañana siguiente apareció con la cara medio tapada con un velito para que no se le viera; a su hermano de ocho meses, un pato, con el que se puso a jugar; al alcalde, la advertencia en las manos de que le plantaría un árbol en cada oreja si insistía en hacer un aparcamiento en la plaza y cortar los árboles, que ella consiguió que reaparecieran coloreándolos en una postal; y más cosas para Airavella: una fuente, un jardín, toboganes...
Un día un compañero del padre le preguntó a quien quería más. Ella dijo que a la madre. Luego, el padre en casa fingió que se había enfadado y ella le reprochó que no sabía hacer nada en la casa y acabó llorando porque lo quiere mucho. Él nunca sabe donde están las cosas de casa y un día que no estaba la mujer tuvo que coger unos llamativos calzoncillos del hermano mayor de Adelaida, que llevaban en medio una leyenda "¡Venga fiesta que aquí estoy yo!". Con ellos fue al funeral de un pariente, y por miedo a tener un accidente y que se los vieran en el hospital fue en el coche con más prudencia que nunca. Y en casa no se enfadó al contarlo, sino que reía.
El primo Henrique, que es listo como un rayo, le contó que volvió al bosque donde un día se había perdido y lo habían encontrado dormido en una cueva, y vio un ser amarillo, de menos de medio metro y con escarpines de lana, que le dijo con mucho secreto ser el duende Cerumeiro. Y como el chaval nunca había visto el mar, el duende le dijo que lo vería: esa noche soñó que iba al mar y al despertar le salió arena de la playa de un zapato. Busca siempre la complicidad de la prima. Un día le contó que se había enamorado de la maravillosa maestra de los pequeños. Adelaida le aconsejó que no renunciase a esa hermosa sensación.
El narrador confiesa que conoció a Adelaida un día que dio un largo paseo hasta el mar. Allí estaba ella sentada en una laja con las piernas colgando, en la orilla del mundo y sabiendo que el mundo está detrás. Se sentó junto a ella, que iba allí para estar sola y pensar, cosa que hacía desde que le había pasado lo de la luna. Una noche que no lograba dormir, mirando para ella le vinieron a la cabeza acontecimientos que había visto en la tele, leído en el periódico o escuchado a sus padres sobre niños que mueren de hambre, las guerras... y entonces le pareció que pensando en ellas les daba fuerza la esas personas y sufrían menos.
A Adelaida le gustan mucho las historias de la abuela, que un día le contó que siendo joven le gustaba mucho un chico al que veía cuando iba a regar la ropa que tenía a aclarar, y le explicó lo que era el aclarado. Al día siguiente, Adelaida lavó dos blusas blancas y las llevó a aclarar a una placita con jardín, tendiéndolas en la hierba. Cuando las vio, un guardia le llamó la atención pues estaba prohibido por las ordenanzas municipales. Enseguida se juntó gente llevando ropa a aclarar, por lo que el alcalde, como además estaban próximas las elecciones, desistió de mandarlos retirarse.
Encontró en el desván una capillita de madera con un santo dentro, con la cabeza atravesada por una espada. Le explicó el padre que era san Pedro de Verona, abogoso contra los males de la cabeza y los hechizos, que en la aldea iba de casa en casa todo el año. Y cuando le dieron los padres permiso para ir de acampada y pasar por primera vez una noche fuera de la casa con amigos y amigas de su edad -pero sólo si no llovía- al ver en el telediario que al día siguiente iba a haber borrasca le pidió al santo que aplazase la llegada del agua. Al despertar, llovía a mares. Ella se enfadó y posó el santo en la solera de la ventana ya que tanto le gustaba la lluvia... Cuando a la noche lo metió para dentro estaba en un estado lamentable, con los colores corridos... le había estado bien, por no hacerle el favor, dijo ella.
Un día que la madre llamó a una amiga para hacerle un pedido para la tienda, como había comprado un teléfono sin hilos le respondió desde el baño, en donde estaba cagando. A la madre le pareció muy mal que explicara la intimidad cuando era tan presumida...
Estaba el narrador pensando en el contenido de este capítulo cuando se le presentó Adelaida y le reprochó que tratase a los personajes como títeres haciendo con ellos lo que quería. Él le respondió que era libre de marcharse o quedar. La niña se sentó y manifestó su disconformidad con que contase sus pensamientos y que los leyese tanta gente, y que presentase a su padre como torpe y comodón, pues es de otra manera: la llama de noche para que vea las constelaciones, le enseñó el aroma de la madresilva... Pero cuando él le dice que seguramente también tiene queja de como queda el alcalde, ella se levanta y se va sin decir nada.
Un relato con la misma protagonista, que supone el germen de esta narración, figura en el libro colectivo Trazos, trozos e retrincos.


Adelaida, Henrique e demais familia . Xabier P. Docampo: Adelaida, Henrique e demais familia
Ilustraciones de Xosé Cobas


Col. Árbore, 87. Serie Verde. Editorial Galaxia. Vigo, 2008

Reedición con nuevas ilustraciones

152 p. - 20x13 cm.         ISBN    978-84-9865-057-0

Traduccioneslinha

Castelán

Adelaida, Héctor y demás familia
Il. Noemí Villamuza - Trad. Pau Joan Hernández Fuenmayor
Col. Remos, 3. Ed. La Galera. Barcelona, 1998
104 p. - 21x11 cm / ISBN: 84-246-9206-3

Catalán

L'Adelaida, l'Hèctor i tota la colla
Il. Noemí Villamuza - Trad. Pau Joan Hernández Fuenmayor
Col. Rems, 16. Ed. La Galera. Barcelona, 1998
167 p. - 21x11 cm / ISBN: 84-246-9116-4