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Cuenta la voz narradora que vio un día a
la Vaca de Fisterra en Touriñán. Pocos aciertan a verla pues es
demasiado grande y de cerca se confunde con rocas y árboles. La
reconoció por su mugido, que es el único que conocen los
fisterranos y por eso llaman "A vaca" a la sirena del faro. En aquel
momento batallaba por descifrar los fragmentos de las Memorias del
Dragón, cosa que consiguió en las partes reproducidas a
continuación, alternándolas con su propio relato. Cuenta Basilio,
el Dragón de Duio, que los dragones volaban libres sobre la superficie
da Terra hasta que Carlomagno, traído por Reinaldos y la codicia,
buscando la viga de oro puso sitio a la ciudad. Pero encontró la viga de
alquitrán, provocando que todo se inundase de chapapote hediondo y
fuego, por lo que el dragón, utilizando un conjuro de Merlín, la
sumergió. Desde entonces viven empobrecidos en Milmontes.
En la confusión del momento perdió un torque de oro, que
encuentra un joven de 15 años, Miro, que intenta leer su
inscripción en latín y se queda a medio camino entre el mundo
subterráneo y el exterior. Lo encuentran dos dodos, esas aves ya
extinguidas, llevándolo (con su perro Chisco) a la ciudad de
Nañirout, la antigua Duio, deseosos de conocer las modernidades de los
humanos. Allí, Miro, que a veces habla en palíndromos, como
Basilio, asiste a clases de Actividades Perfectamente Inútiles o Malos
Modales en el instituto de los dragones. Y conoce a Morgana, de color azul como
los humanos, que le pide ayuda para evitar que el Consello de Notables autorice
una excavación en la roca azul sobre la que está asentada la
ciudad para supuestamente recuperar el Corgo de Lume, la piedra mágica
desaparecida, pois en realidad quieren la viga de oro macizo a la que
está pegada la de alquitrán, por lo que es imposible sacar
aquella sin que esta estalle: ¡entonces desaparecería la ciudad!
Para evitarlo, van hasta Cabo do Mundo a la búsqueda de la Vaca de
Fisterra, que los engulle entre la hierba; cuando salen, enterada de su
objetivo, se dispone a ser su guía. Camino del monte Pindo, los caza el
monstruo marino Vákner, que no los come porque un Desordenanza le paga
por una trenza de Morgana, con la que pretende forzar el voto del padre de ella
en el Consello de Notables a favor de la excavación. Se libran de
Vákner provocando que beba agua de la fonte de Ricamonde después
de comer pulpo, cortándosele la digestión. El barquero Chorente o
Charonte, a cambio de la trenza que le queda a Morgana, los pasa a la otra
orilla del Xallas, en el que las "xacias" intentan atraer a Miro con
su canto. Untados en bosta de la Vaca y guiados por el topo, bajan a las minas
de los olláparos (gigantes de un único ojo pero muy buen olfato),
en donde se apropian del corgo. Y salen de su gruta furna porque Morgana los
entretiene con adivinanzas y la promesa de un beso. En la otra orilla del
río, en donde Chisco había permanecido esperando, les atacan los
Desordenanzas sin sombra, que se adueñan de la piedra matando al perro y
cortándole una mano a Miro. Junto a la Pedra da Serpe, a donde los
conduce la Vaca en su lomo, se la pega nuevamente la cuelebra Ofiusa, la
más antigua de las serpientes, con saliva de grillos a cambio del
cadáver de Chisco.
Reunido el Consello para debatir la propuesta del Consorcio de sustituír
la roca azul por hormigón, irrumpen Miro y Morgana. Le explican la
verdad al Dragón de Duio y le dan el corgo (pues los Desordenanzas en
realidad habían llevado la piedra que Miro había metido en la
boca para evitar a las xacias). El Consello rechaza la excavación y
decide levantarle un monumento a Chisco, muerto por la causa.
Morgana, de quien se enamoró Miro, se queda en Duio, ya que tiene muchos
más años que el joven aunque no lo parezca, pues allí el
paso del tiempo tiene otra dimensión. Arnal decide vivir con Miro cinco
años (lo que les dura el hechizo a los dragones) bajo la forma de
lagarto con marcas azules en la piel, sin poder arrojar fuego por la boca ni
alas. Diciendo la fórmula en latín mientras empuña el
torques, el Dragón de Duio hace que Miro aparezca en su
habitación. Un lagarto le pide en la lengua de los dragones que le
enseñe lo de los ordenadores. Pero Miro le contesta que aguarde: tiene
que ir a poner la mesa.
Basilio no quedó muy contento con el joven humano, que le
revolucionó los dragones jóvenes hablándoles de
ordenadores y bandas de rock. Aunque gracias a él recuperó el
torques de oro. Y cuentan que incluso ya tiene un ordenador y está
conectado a la red.
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