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Carlota tiene dieciséis años y va a
iniciar el bachillerato en una ciudad nueva y sin mar a la que se
trasladó la familia. Tuvo que rapar la cabeza para curar un eccema y
desearía no empezar en esas condiciones en un centro en el que no conoce
a nadie. Lee en el periódico una información sobre la muerte de
Poch, líder del grupo de los años ochenta Derribos Arias, pega
una foto de él en su habitación y lo convierte en el confidente
de sus problemas y anhelos. Su diario, que compone el texto del libro, es el
testimonio que nos transmite incluso sus diálogos.
Son duros los comienzos en el instituto con su gorro, aunque pronto le aparece
un valedor, Miguel, con el que ella desearía tener más
relación, pero él se decide por la guapa Paulina. Entre el
día a día del instituto, con el problema de un examen de Dibujo
fijado unilateralmente por la profesora para un sábado, surge la
oportunidad de representar una obra de teatro. Carlota va a hacer uno de los
personajes. Así comienza su continua comunicación con Moncho, que
acaba declarándosele. Cuando a la abuela le aparece un cáncer
irremediable, parece abrirse una puerta del futuro a Carlota: ya no
tendrá que seguir con el pelo corto.
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