|
El último día de las vacaciones de
agosto Raquel encontró una enorme caracola entre las rocas de la playa.
La trajo para su casa en la ciudad. Esa misma noche, un golpe seco la
despertó: la caracola estaba en la alfombra y por su abertura asomaba
una diminuta sirena. Es Sunia, de la estirpe de las Sirenas Minúsculas.
Le había pedido ayuda a la caracola para poder entablar amistad con
Raquel, a quien había estado observando en sus juegos: quiere pasar con
ella los meses de invierno, tan aburridos en la playa solitaria. A cambio, le
contará un cuento maravilloso cada noche. Pasaron los días
con sus noches de amistad entre las dos. Pero una noche de noviembre la sirena,
intranquila, no fue capaz de contarle ningún cuento: salía un
olor muy desagradable de la caracola y en ella no se oía el mar sino un
ruido extraño. Pronto empezó a verter alquitrán como
el de las carreteras. Los padres le ayudaron a llenar muchas tinas de
chapapote. Entonce les presentó a Sunia, una sirena de las de verdad.
Pese a que en algunos informativos de televisión contaban de un barco
hundido que no entrañaba ningún riesgo pues el fuel se
solidificaría, llamaron al encargado del camping, Xavier, que les
informó de que el chapapote cubría su playa. Allá fueron:
entre el olor pestilente, la playa negra, las aves muertas, la
desolación de la catástrofe ecológica, los barcos
combatían en el mar y voluntarios con monos blancos y gafas
plásticas limpiaban la arena. Se unieron a ellos. Y Sunia, desesperada
por saber de los suyos, se arrojó al mar. Al amenecer siguiente
apareció en el arenal su cuerpecillo sin vida: la enterraron en el
jardín del camping. En enero, se organizó una cadena humana
de escolares para defender simbólicamente la costa atacada por la marea
negra. Raquel, llevada por su madre, formó parte de los jóvenes
que formaron en la playa con su cuerpo la palabra VIDA. De la caracola
todavía sale un sonido triste. Algún día se
escuchará en ella el rumor alegre del mar recuperado. Entonces
quizás Raquel podrá conocer a las compañeras de Sunia y
escuchar de nuevo las historias maravillosas que solamente conocen las Sirenas
Minúsculas, esos seres mágicos que viven ocultos en algunas
grutas de nuestra ribera". La edición incluye además siete
anexos informativos sobre la catástrofe del Prestige |