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Llovía sin tregua desde principios de
curso. Aquel día, en el colegio de la parte alta de la ciudad, Marta y
sus compañeros de cuarto curso tampoco pudieron salir al recreo por la
lluvia. Estaban en el aula cuando de repente todo se empezó a mover: el
florero, las libretas... La escuela comenzó a deslizarse por la
pendiente de la colina, lentamente, hasta detenerse en medio del río,
que había crecido y batía con fuerza contra las ventanas.
Entonces un helicóptero les anunció que iban a evacuar a los
doscientos niños tendiendo desde la orilla un tubo-tobogán.
¡Pero el colegio se puso en movimiento otra vez, río abajo!
Reunido el claustro de profesores, la directora, doña Ana, y el servil
jefe de estudios, Martín, dieron instrucciones de avanzar en el
programa, aprovechando que iban a permanecer muchas horas en el centro. Mas
Ana, la profe de Marta que les leía cuentos y les proponía que
ellos los escribiesen, se negó: siguiendo una idea de Marta, decidieron
jugar a que eran la tripulación de un barco. E incluso la secundó
el recto don Damián, profesor del otro cuarto: "¡Dejémonos
llevar por la vida! ¡Dejémonos ir río abajo, como el
edificio!". Y el colegio llegó hasta el mar, asentándose en la
arena de la desembocadura del río. Como ya era noche, durmieron en las
colchonetas del gimnasio, después de que Ana les contase un cuento de
miedo. Al despertar, la marea los había llevado a mar abierto. Fue
entonces cuando don Damián, vestido de Capitán Kidd, con sus
alumnos también de piratas, proclamó como única ley del
barco la ley del mar, de los hombres que aman la libertad, después de
encerrar en su despacho a la directora ,a la secretaria y al jefe de estudios.
Como escaseaba la comida, se pusieron a pescar toda clase de peces, que
prepararon con ayuda de Carlota, la cocinera. Acompañados de delfines
saltando en el agua, pensaban ir a la isla Tortuga, la que sirve de refugio a
los piratas, en el mar de las Antillas. Pero todo cambió cuando un
helicóptero trajo a la doctora Antía Vilariño,
científica del Laboratorio de Investigaciones Paranormales, dispuesta a
investigar la razón de la bajada del "barco". Preguntando en el aula de
Marta, supo que la mayoría habían imaginado que el edificio
podía moverse monte abajo a causa de la lluvia, por lo que
concluyó que fueron ellos el motor: la imaginación "es la
única fuerza capaz de cambiar el mundo. Y si actúa de forma
conjunta, más todavía". Entonces les pidió que, para
solucionar la falta de comida y el alejamiento de sus padres, tan preocupados,
al acostarse imaginasen que navegaban rumbo a la costa. A la mañana
siguiente, la escuela estaba nuevamente en medio del río, al lado de
lado de la playa fluvial. Luego, con los ojos cerrados, se concentraron en
imaginar que subía monte arriba y volvía a su lugar, en donde
esperaban los padres con chocolate caliente, churros y tarta de Guitiriz. Y
también lo consiguieron. Sonó el timbre y despertaron las
otras clases. El Capitán Kidd liberó a los tres directivos que
había encerrado en el despacho por intentar "ahogar la
imaginación". Sin importarle las amenazas de la directora, como en las
películas el capitán de los piratas acaba enamorando a la chica
protagonista, cogió a Ana del brazo y bajó las escaleras
sonriendo. Y Marta ahora sabía lo poderosos que podían ser
todos juntos; un día tenía que convencer a sus compañeros
para que soñasen que volaban como un avión o que viajaban por el
Nilo o que subían en una nave espacial... ¡Aquel curso
podía ser el más divertido de su vida! Se cierra el libro con
una caracterización de los diferentes personajes de la historia que
apunta nuevos elementos literarios. |