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Conjunto de 14 poemas presentados con sencillez formal, ritmo
ágil, muy sonoro, y recursos metafóricos directos que basean su
eficacia comunicativa en la proximidad al imaginario infantil. La luz y el
color conforman el eje temático en poemas como los dedicados a la luna
que sale de noche desnuda (¿en dónde tendrá su casa?), a
las estrellas, que alguien siembra cada noche y roba cada amanecer (una de
ellas está desnuda, la soñada brilla como un diamante y otra es
una lágrima de luz) o el arco iris, un mundo de color formado por una
gota de agua y un rayo de sol, que desaparece como por arte de magia; es un
sueño de colores. El ocio alegre de la infancia aparece en objetos
del mundo de los juegos como la cometa, que confía su destino a las
manos inocentes de un niño y necesita sentir el viento en la piel para
dibujar un sueño colgado de un hilo; o la bicicleta, el caballito de
metal para pasear en libertad. Además, viene la fiesta del carrusel que
gira, da vueltas y trota o cuando el circo llega a la ciudad con la
ilusión de los equilibristas, payasos y también las fieras. El
territorio de los juegos es el parque, el espacio común a todas las
edades, el pulmón de la ciudad de cemento en donde de noche duermen los
pájaros, si les deja el papagayo, que no para de parlotear. Y el tiempo
es el recreo, esa hora feliz en la que los niños juegan y los
pájaros revolotean alegres. Y de noche salen los duendes, hadas y
demás familia, en medio de la tormenta, para hacer travesuras en las
casas; pero cuando llega el día dejan todo como estaba,
escondiéndose en el desván, porque solamente vienen a
jugar. El sueño y la aventura se realizan simbólicamente en
medios de locomoción que forman parte del imaginario universal: el tren,
siempre en movimiento, rumbo a las estaciones de los sueños; el barco se
pierde en el horizonte y regresa a tierra para descansar (él tiene uno
de papel y va con el traje de pirata a la Isla del Tesoro). Como para las
ilustraciones, con un rotundo fondo cromático diferente en cada poema,
la tiza de color es necesaria para pintar el rostro del mundo con todas los
colores, desde el rojo del amor al violeta de los poemas. Para alcanzar los
sueños, con los que se puede llegar a la luna más
grande. |