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Érase una vez un sastrecillo que un día de verano
mató con un trapo siete moscas de un golpe. Bordó en el
cinturón en letras grandes "Sete dun golpe" y salió por el mundo
a presumir de su hazaña. A la salida del pueblo, retado por un
gigante a quién tiraba una piedra más lejos, lo superó
soltando un pájaro que había hallado enredado en un matorral;
luego, le ayudó a llevar un encina enorme cargando supuestamente conn
las ramas, pero sentado en ellas; cuando salió volando en cuanto
dejó de agarrar el gigante la copa de un cerezo, lo engañó
nuevamente alegando que escapaba de los disparos de unos cazadores; entonces el
gigante intentó saltar también y quedó atrapado entre las
ramas. Siguió andando el sastrecillo hasta llegar a un palacio. La
gente al verle el cinturón lo tomó por un héroe, por lo
que lo mandó llamar el rey, que le ofreció a su hija a cambio de
matar a dos gigantes del bosque sin que le tocasen un pelo. Cuando estaban
durmiendo debajo de un árbol, les tiró piedras sin que lo viesen,
por lo que, culpándose mutuamente, acabaron enzarzados en una pelea
tremenda y se mataron. Pero el rey le negó la recompensa: debía
matar antes el unicornio que domina el bosque. Eludiendo su embestida, hizo que
se clavase el cuerno contra un árbol, le ató una cuerda al
cuello, le cortó el cuerno con un hacha y se lo llevó al rey, que
le exigió una tercera condición: cazar un jabalí que
causaba grandes estragos en el reino. Cuando este fue hacia él para
aplastarle, corrió hasta una capilla, en donde lo dejó encerrado
escapando por una ventana. Entonces el rey hubo de cumplir su promesa, y la
boda hizo del sastre un rey. Adaptación a partir del texto de W. y
J. Grimm ilustrada con atractiva técnica de collage. |